Fíjate Ixtlixóchitl que un pinche soldado de la Castilla me cambió un
grano de oro por un espejito. Él cree que me estafó, y se fue muy
sonriente pensando "¡qué indio más bruto!". Lo que no sabe es que
yo a ese pedacito de metal lo hubiera podido transar por cinco
guajolotes, mientras por el espejito, que aquí es una novedad, me
darán diez. ¿Quién dice que perdí, pues?
Este blog comenzó con ideas personales, microcuentos, e historias diversas. Al paso del tiempo, unos relatos empezaron a enlazarse con otros y los personajes cobraron vida propia; si bien, me cuesta transcribir su forma de hablar y elegir sus aventuras (tienen muchas más de las que escribo). Tal como va, se está configurando una “blogonovela” (versión electrónica de los populares folletines del siglo XIX). Si a alguien le divierte este blog que lo exprese, y -sinó- que calle para siempre...
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