miércoles, 20 de abril de 2011

Las empresas bananeras

Durante mucho tiempo se habló de las administraciones fallidas (hasta cierto punto, según se vea) de las "repúblicas bananeras" cuyos dirigentes políticos se apoderaban de los bienes nacionales a su gusto. En ellas, el pueblo ha funcionado como un mero espectador del saqueo de sus dirigentes, sin poder modificar el esquema depredatorio de "su" propio país.

Por otro lado, en 1989 se cerró el ciclo de los experimentos socialistas que iniciaron con el siglo XX. Las burocracias "socialistas" (especialmente del este de Europa) demostraron su incapacidad para el bienestar general, pero una alta eficiencia en el enriquecimiento personal, así fuera a costa de las libertades individuales.

Desde hace varios años he venido observando el mismo proceso en el capitalismo "neoliberal" que aún persiste; y que -en honor a la verdad- debería ser llamado "neocapitalismo". Sorprende que ese tema no reciba una adecuada atención por parte de los economistas ortodoxos (tan buenos para explicar por qué pasó, lo que pasó, pero tan malos para predecir el futuro).

No hay que ser un genio en historia económica para comprender el gran cambio cualitativo del capitalismo de fin de siglo XIX comparado con el de fines del siglo XX. En el primero, grandes empresas (en su mayoría productoras de bienes tangibles) eran creadas por un propietario que controlaba de manera personal sus intereses. Quizá tuviera algunos socios (muchas veces de su propia familia), pero estaba claro que el progreso de su fortuna dependía, directamente, de la salud de la compañia.

Con los años, el concepto original de "industria" se extendió a la banca, los seguros, el transporte, el cambio de moneda, las calificadoras, etc., hecho que aún no entiendo cómo puede justificarse teóricamente; como si fuera lo mismo producir bienes de valor agregado -como automóviles- que mover dinero, papeles en la bolsa o calificar a gobiernos soberanos. ¿Acaso transar títulos en la bolsa causa impuestos? Porque fabricar libros, discos, medicamentos o alimentos, sí.

 Además, las grandes empresas fueron pulverizando su propiedad en multitud de accionistas. Hacia el fin del siglo XX, se llegó al extremo de que podían tener miles de propietarios, divididos en fondos de pensiones, grupos de inversión, etc. Sobra mencionar que todos ellos sin ninguna posibilidad de control real sobre las compañías de las cuales eran los verdaderos "propietarios". La leyenda urbana de una venerable anciana capaz de interrumpir una junta de gobierno de General Motors, por poseer una acción de la empresa,  es sólo eso, un cuento simpático.

En este punto nos hallamos en la situación inicial. Un "pueblo de accionistas" y unos administradores burocráticos que pueden hacer lo que quieran con una propiedad que no les pertenece. La similitud entre una "república bananera" y una "empresa bananera" es evidente. Los ejecutivos se asignan salarios de escándalo, bonos anuales de sátrapa y -en caso de quiebra o despido- la seguridad de recibir un "golden parachute" millonario.

No hay duda que muchas compañías aún son relativamente honestas con sus auténticos propietarios capitalistas. También, muchos países -aún pequeños- no son "repúblicas bananeras". Pero el mecanismo está ahí, intacto. Y lo seguiremos viendo cada vez más, por desgracia.
 

1 comentario:

  1. Hola, César!
    Por suerte acabo de recibir la direccón de este blog, al menos sé que estás bien y escribiendo, lo cual me alegra muchísimo ya que he intentado ubicarte por todos los medios que tenía, pero sin suerte... Espero saber de vos, más allá de lo que leo en el blog
    Un abrazo, Os

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