- Con ejta entradera y salidera de gente, el negocito va viento en popa. Pero sí que cansa, ¿eh? No he parado de fingir que rezo todo el tiempo, chingao.
- Igual yo. Me voy a servir un refresco, ya estoy agotada.
- Oiga, Pía. ¿Me traería un café de la cocina? Me quedaré vigilando a esa vieja de verde, porque se me hace que quiere meter la mano en la lata, la muy cabrona...
- ¿Por qué dice eso, Adela?
- Hace un rato se echó encima de la ejtatua qu'ejque p'a secarle laj lágrimas... Pero tenía la vista fija en la alcancía.
- Ah, caray.
- La tuve que detener. Cómo hay gente sinvergüenza, ¿eh?
- ¡Qué barbaridad! Mire que aprovecharse de la pobre Virgen Santísima... Voy por el café.
En la pared del fondo, la luz de la tarde comienza a reflejarse con tonos dorados. De pronto, como animadas por un mensaje celestial, dos cochinillas de humedad se dirigen prontamente a una mancha oval que comienza, poco a poco, a revelarse. Se detienen a pocos centímetros de distancia una de la otra. Al ver eso, una de las señoras, que devotamente se hallan orando, codea a su vecina.
- Oiga. ¿Ya vió que en la pared pareciera que hay una figura?
- ¿Dónde? Sin mis lentes no veo bien, deje que me los ponga...
- Allá, al fondo. Detrás de la estatua de Nuestra Madre Santísima.
- A ver... ¡De veras, oiga! Hasta se le notan los ojos.
- ¡En serio! Esta es otra señal... ¡Aquí, frente a nosotras se está produciendo otro milagro!
- ¡Jesús me ampare! ¡¡¡ Milagrooo!!! ¡¡¡ Milagroooooooooo!!!
Los asistentes comienzan a agitarse y murmurar. Pía vuelve corriendo de la cocina y por poco vuelca el café sobre un pequeño que mira la escena asustado. Descubre, divertida, que las cochinillas se han parado justo en la zona correspondiente a los ojos que dibujó con gelatina. Además, los hongos, por la humedad ambiente y el medio nutritivo, ya están delineando el manto. Adela y Pía intercambian una mirada cómplice y contienen la risa. Un nuevo prodigio ha comenzado a suceder a la vista de todos.
El Dolicocéfalo
Este blog comenzó con ideas personales, microcuentos, e historias diversas. Al paso del tiempo, unos relatos empezaron a enlazarse con otros y los personajes cobraron vida propia; si bien, me cuesta transcribir su forma de hablar y elegir sus aventuras (tienen muchas más de las que escribo). Tal como va, se está configurando una “blogonovela” (versión electrónica de los populares folletines del siglo XIX). Si a alguien le divierte este blog que lo exprese, y -sinó- que calle para siempre...
lunes, 27 de junio de 2011
domingo, 26 de junio de 2011
(35) El confesor
- Sírveme otra taza de café y trae más galletas. Este programa de debate periodístico es muy interesante. Próximamente, si no es bajo prescripción médica y con receta ar-chi-va-da, quedará prohibida la venta de anticonceptivos. ¡Así se hace! ¡Bien por la familia!
- Monseñor, el Padre Renato está al teléfono.
- ¡Ufffffff, justo ahora! Contestaré en mi oficina, Eubolia.
- ¿Diga?
- Monseñor, tenga muy buenas tardes.
- Qué tal Renato. ¿Qué se te ofrece?
- Espero no importunarlo con mi llamada.
- Estoy preparando una homilía. Tengo un descomunal trabajo por delante, pero no importa. Sacrificaré mis pobres minutos de descanso para atenderte. ¿Es algo de la parroquia?
- No exactamente. Usted sabe... Digo... Como soy Director Espiritual y Confesor de Adrián...
- Eso me queda claro. ¿Entonces?
- Pues... He estado reflexionando... y...
- Ya... Acaba de decirlo.
- Usted sabe que el secreto de confesión sella mis labios.
- Desde luego. Me impacientas... ¿Qué quieres?
- He notado, con enorme preocupación, que la salud espiritual de Adrián se encuentra severamente comprometida.
- ¿Ah, si? ¿Por qué?
- No me es posible revelarlo, usted entiende.
- No, no entiendo nada. ¿Con qué fin me llamas?
- Quisiera poner, a su amable consideración, una humilde solicitud.
- ¿Cuál?
- Que releve a Adrián de estar a su servicio. Le haría mucho bien dedicarse solamente a sus estudios de teología.
- ¿Razones?
- Ehhh... Bueno... Me parece que...
- ¿Te parece, o estás seguro? Acaso consideras que el trabajo de la curia no es importante...
- No, no... Eso, no.
- ¿Y bien?
- Sólo es una sugerencia.
- Siendo así, la voy a tener en cuenta.
- Gracias, Monseñor. Ya no ocupo más su tiempo.
- Por cierto...
- Dígame.
- ¿Cómo haces para tener el cabello tan bien cuidado? Casi no tienes canas, y a tu edad...
- Me hago atender por un peluquero muy bueno.
- A ver... pásame los datos.
- Se llama Christian, y su teléfono es el 4968-3127.
- Ya lo anoté. Buenas tardes.
- Gracias nuevamente, Monseñor.
- Monseñor, el Padre Renato está al teléfono.
- ¡Ufffffff, justo ahora! Contestaré en mi oficina, Eubolia.
- ¿Diga?
- Monseñor, tenga muy buenas tardes.
- Qué tal Renato. ¿Qué se te ofrece?
- Espero no importunarlo con mi llamada.
- Estoy preparando una homilía. Tengo un descomunal trabajo por delante, pero no importa. Sacrificaré mis pobres minutos de descanso para atenderte. ¿Es algo de la parroquia?
- No exactamente. Usted sabe... Digo... Como soy Director Espiritual y Confesor de Adrián...
- Eso me queda claro. ¿Entonces?
- Pues... He estado reflexionando... y...
- Ya... Acaba de decirlo.
- Usted sabe que el secreto de confesión sella mis labios.
- Desde luego. Me impacientas... ¿Qué quieres?
- He notado, con enorme preocupación, que la salud espiritual de Adrián se encuentra severamente comprometida.
- ¿Ah, si? ¿Por qué?
- No me es posible revelarlo, usted entiende.
- No, no entiendo nada. ¿Con qué fin me llamas?
- Quisiera poner, a su amable consideración, una humilde solicitud.
- ¿Cuál?
- Que releve a Adrián de estar a su servicio. Le haría mucho bien dedicarse solamente a sus estudios de teología.
- ¿Razones?
- Ehhh... Bueno... Me parece que...
- ¿Te parece, o estás seguro? Acaso consideras que el trabajo de la curia no es importante...
- No, no... Eso, no.
- ¿Y bien?
- Sólo es una sugerencia.
- Siendo así, la voy a tener en cuenta.
- Gracias, Monseñor. Ya no ocupo más su tiempo.
- Por cierto...
- Dígame.
- ¿Cómo haces para tener el cabello tan bien cuidado? Casi no tienes canas, y a tu edad...
- Me hago atender por un peluquero muy bueno.
- A ver... pásame los datos.
- Se llama Christian, y su teléfono es el 4968-3127.
- Ya lo anoté. Buenas tardes.
- Gracias nuevamente, Monseñor.
miércoles, 22 de junio de 2011
(34) El primer milagro
- ¿Ya cerró la puerta, Adela?
- Yaaaaaa, Pía... Ejtas locas me tráin emputada, coño. No se querían ir...
- ¡Pero ha sido todo un éxito!
- ¿P'oj, qué le dije?
- Llegaron en tropel, y se tragaron el cuento de las lágrimas... Bueno, en otro momento, yo hubiera reaccionado igual...
- ¿Ya vió la cantidá de velas que nos pusieron? Ejto parece iglesia, chingao.
- Cómo será, que se corrió la voz y vino gente de las colonias cercanas...
- Se me hace que vamoj a tener mucho trabajo.
- Lo que sí me dió miedo es cuando a la vecina de la vuelta le dió el ataque.
- ¡Cállese! Yo creí que ibamoj a tener que llamar a una ambulancia.
- Menos mal que el marido estaba presente.
- Pobre hombre... Más se asustó cuando una niña empezó a gritar: "¡¡¡La Virgen Santa se la lleva!!!". Seguro creyó que se le moría.
- El escándalo que se armó.
- ¡Y cómo echaba ejpuma por la boca!
- La salvó la vecina de junto. Tantito alcohol en la frente y reaccionó.
- Sí, menoj mal...
- A todo esto...¿Qué tal fué la recaudación?
- No sé... ¿Por qué no abrimoj la lata?
- A ver...
- ¡Oiga, eso ej un dineral!
- ¡Bendito sea Dio... Digo... el Óxil!
- ¿Y quién ej el óxil, ése?
- El que nos ayuda, Adela.
- Ah, bueno...
- Ya que tenemos recursos, mañana vamos a comprar un botiquín de primeros auxilios.
- Sí, p'a que no noj agarre dejprevenidaj, pué...
- Yaaaaaa, Pía... Ejtas locas me tráin emputada, coño. No se querían ir...
- ¡Pero ha sido todo un éxito!
- ¿P'oj, qué le dije?
- Llegaron en tropel, y se tragaron el cuento de las lágrimas... Bueno, en otro momento, yo hubiera reaccionado igual...
- ¿Ya vió la cantidá de velas que nos pusieron? Ejto parece iglesia, chingao.
- Cómo será, que se corrió la voz y vino gente de las colonias cercanas...
- Se me hace que vamoj a tener mucho trabajo.
- Lo que sí me dió miedo es cuando a la vecina de la vuelta le dió el ataque.
- ¡Cállese! Yo creí que ibamoj a tener que llamar a una ambulancia.
- Menos mal que el marido estaba presente.
- Pobre hombre... Más se asustó cuando una niña empezó a gritar: "¡¡¡La Virgen Santa se la lleva!!!". Seguro creyó que se le moría.
- El escándalo que se armó.
- ¡Y cómo echaba ejpuma por la boca!
- La salvó la vecina de junto. Tantito alcohol en la frente y reaccionó.
- Sí, menoj mal...
- A todo esto...¿Qué tal fué la recaudación?
- No sé... ¿Por qué no abrimoj la lata?
- A ver...
- ¡Oiga, eso ej un dineral!
- ¡Bendito sea Dio... Digo... el Óxil!
- ¿Y quién ej el óxil, ése?
- El que nos ayuda, Adela.
- Ah, bueno...
- Ya que tenemos recursos, mañana vamos a comprar un botiquín de primeros auxilios.
- Sí, p'a que no noj agarre dejprevenidaj, pué...
viernes, 17 de junio de 2011
(33) El desayuno
-Buenos días, Monseñor, ¿Qué tal durmió?
- Con dulzura, Eubolia.
- ¿Le preparo el desayuno?
- Desde luego. Las copitas de malvasía han hecho estragos... jeje.
- ¿Le sirvo unos ricos huevos divorciados?
- ¡Nunca! Divorciados ¡jamás! Que sean a la mexicana... bien picosos, ya sabes.
- Claro, Monseñor.
- Pon el noticiero, quiero estar informado. Este mundo está de cabeza...
- Enseguida, Monseñor.
________________________________________________________
- Noticias de último momento. El Señor Alcalde de Villa de las Flores acaba de proclamar un Bando Solemne, que dice así:
Vecinos y vecinas de Villa de las Flores. Hoy, en atención a repetidas quejas de la población, y en virtud de consultas ciudadanas que, respondiendo a una estrategia integral nos llevan a redoblar esfuerzos en pos de un compromiso asumido con los mejores instrumentos de gestión municipal, cuya participación redunda en la buena gestión de una administración responsable, hemos decretado que:
a) Se prohibe, en todo el ámbito municipal, la portación de vestimentas inadecuadas. Sean éstas, minifaldas, escotes, bermudas, shorts, o cualquier otra prenda indumentaria que, aún cubriendo totalmente la anatomía, sea extravagante y que contravenga la moral y las buenas costumbres que tradicionalmente nos han caracterizado.
b) La apariencia externa deberá ajustarse a la normalidad, quedando excluídos los maquillajes excesivos y provocadores, que sólo incitan al poco respeto y faltas al decoro, que nuestras ciudadanas deben exhibir.
c) Queda suspendida toda fiesta, celebración, o reunión, que no haya sido debidamente autorizada por nuestro Honorable Cabildo con diez días de anticipación y previa solicitud por triplicado.
Quienes no respeten la presente norma quedarán sujetos a la aplicación de las más graves sanciones por faltas a la moral y la decencia pública.
Villa de las Flores, 17 de junio de 2011
________________________________________________________
- Apaga la tele, Eubolia. Hoy es un día feliz, en el que vislumbro un buen futuro...
- Sí, Monseñor.
jueves, 16 de junio de 2011
(32) Confesiones de muchachos
- Hasta mañana, muchachos.
- Hasta mañana, Eubolia.
- Oye Rubén, ¿estás apurado?
- No, ¿por qué?
- Vamos a tomar un café y platicamos, ¿si?
- Sale y vale. ¿Qué tienes?
- Esto no me está gustando nada...
- Ni a mí... ¿pero qué hacemos?
- No lo sé. Pero, lo voy a consultar con mi confesor.
- ¿Te late?
- Con quién, sinó.
- Es que...
- No pensarás que el Padre Renato va a romper el secreto de confesión.
- No, eso, no... Pero... Hacer público algo así...
- ¡No es público! Es una conversación entre Dios, el Padre Renato y yo.
- ¿Qué le dirás?
- Todo.
- ¿Seguro? Incluyéndome a mi...
- Trataré de no hacer referencia a tí, obvio. Pero hay cosas que Monseñor nos llevó a hacer juntos...
- ¡Híjole!
- ¿Le dirás lo de la computadora?
- Sin duda. De ahí saca las ideas.
- ¿Le contarás lo último?
- Qué, ¿lo de los tenis?
- Sí... ¿No se te hace chocante eso hacernos presentar en ropa deportiva y obligarnos a que le caminemos por encima?
- Es repulsivo. Al final, él se queda feliz, pero yo me siento sucio...
- Igual yo...
- Y, después, lo otro...
- Eso ya no se lo voy a contar. Es demasiado...
- Se lo va a imaginar.
- Quizá...
- Se me hace que Eubolia sospecha algo. Lo veo en su mirada cuando llegamos y nos encerramos en la recámara. Y es peor, aún, cuando salimos. Como si buscara leer algo en mi cara.
- Yo he sentido lo mismo. Pero ella es una tumba. Nunca dirá nada, por respeto al Obispo.
-Claro.
- En fin... Mañana será otro día.
- Sí...
- Bye.
- Hasta mañana, Eubolia.
- Oye Rubén, ¿estás apurado?
- No, ¿por qué?
- Vamos a tomar un café y platicamos, ¿si?
- Sale y vale. ¿Qué tienes?
- Esto no me está gustando nada...
- Ni a mí... ¿pero qué hacemos?
- No lo sé. Pero, lo voy a consultar con mi confesor.
- ¿Te late?
- Con quién, sinó.
- Es que...
- No pensarás que el Padre Renato va a romper el secreto de confesión.
- No, eso, no... Pero... Hacer público algo así...
- ¡No es público! Es una conversación entre Dios, el Padre Renato y yo.
- ¿Qué le dirás?
- Todo.
- ¿Seguro? Incluyéndome a mi...
- Trataré de no hacer referencia a tí, obvio. Pero hay cosas que Monseñor nos llevó a hacer juntos...
- ¡Híjole!
- ¿Le dirás lo de la computadora?
- Sin duda. De ahí saca las ideas.
- ¿Le contarás lo último?
- Qué, ¿lo de los tenis?
- Sí... ¿No se te hace chocante eso hacernos presentar en ropa deportiva y obligarnos a que le caminemos por encima?
- Es repulsivo. Al final, él se queda feliz, pero yo me siento sucio...
- Igual yo...
- Y, después, lo otro...
- Eso ya no se lo voy a contar. Es demasiado...
- Se lo va a imaginar.
- Quizá...
- Se me hace que Eubolia sospecha algo. Lo veo en su mirada cuando llegamos y nos encerramos en la recámara. Y es peor, aún, cuando salimos. Como si buscara leer algo en mi cara.
- Yo he sentido lo mismo. Pero ella es una tumba. Nunca dirá nada, por respeto al Obispo.
-Claro.
- En fin... Mañana será otro día.
- Sí...
- Bye.
miércoles, 15 de junio de 2011
(31) Dos poderes
- Señor Alcalde...
- ¿Monseñor?
- Efectivamente.
- Estoy a sus órdenes. ¿En qué le puedo servir?
- He visto, con sumo interés, sus declaraciones en el noticiero de hoy.
- En momentos difíciles hay que enfrentar a los medios. Pero dígame ¿Qué se le ofrece?
- Su propuesta de inversión en seguridad, me ha parecido admirable.
- Es imprescindible, evidentemente.
- Sin duda. Por eso, quería ayudarle con una sugerencia. A la hora de las adquisiciones, recuerde la compañía constructora con la que el municipio trabajó tanto tiempo...
- Pero... ¿No se verá mal que una constructora participe en contratos de seguridad y compra de vehículos?
- De ninguna manera. Recuerde que la denominación social es: "Constructora y Servicios Múltiples Quid Pro Quo, S.A. de C.V.". Las armas y los automóviles pueden caber en alguno de los numerosos servicios que ofrece.
- Si me permite, Monseñor, no me queda claro cuál es su interés en esto.
- ¡Interés ninguno, mi amigo! Sólo lo hago por el bien de la comunidad y de su propia persona. Se trata de obtener el mayor beneficio de la inversión. Por otro lado, recuerde que los socios propietarios, son muy apreciados por nuestro amado Obispo Diocesano, quien aún se halla en Roma. A su regreso, hecho que todos esperamos con gran ilusión, le complacerá ver que gente de bien ha coadyuvado con el municipio.
- No sé... No sé... En las últimas colaboraciones con la empresa, ha habido disenso.
- ¿En qué?
- Los continuos retrasos en las obras, el incremento presupuestal y -seamos honestos- especialmente sobre las entregas que se habían pactado; muy inferiores a los estándares del mercado. ¿Me explico?
- Le entiendo perfectamente. Si bien, yo no puedo hablar por ellos, porque mis funciones son de naturaleza espiritual, sospecho que podrían extenderse a un quince.
- Es insuficiente, Monseñor. El riesgo que implica tal responsabilidad...
- Recuerde que la avaricia es un pecado.
- La tontería, no. Pero debería serlo...
- Jajaja. Tiene razón. Veinte, entonces.
- No se diga más. No me cabe duda que una recomendación, tan desinteresada y sabia, debe ser tomada en cuenta.
- Me da un enorme gusto haber sido de utilidad. Por cierto...
- Diga Usted.
- Ya hemos hablado de la parte material, pero -como pastor- me preocupa el aspecto espiritual de mi rebaño.
- Por supuesto.
- Vemos -con enorme preocupación- la carencia de valores en la juventud villaflorense. Se multiplican las fiestas llenas de vulgaridad y libertinaje. Las muchachitas salen a la calle -incluso las trabajadoras municipales- vestidas de un modo indecente, carente de decoro. Más parecen mujeres públicas que honestas ciudadanas. Después se quejan del incremento en las violaciones.
- Es verdad, pero, ¿qué podemos hacer? Los jóvenes de hoy...
- ¡Nada! Los jóvenes necesitan una guía firme. Una autoridad que sirva de modelo a sus extraviadas vidas. Hay que acabar con el desorden.
- Tomaré medidas inmediatas, Monseñor.
- Eso espero, por el bien de todos.
- Así se hará.
- Gracias, Alcalde. Me imagino que mañana, a primera hora, se presentará en sus oficinas alguien de la compañía para acordar el contrato. Que Dios lo bendiga.
- Hasta pronto, Monseñor.
- ¡Euboliaaaa!
- Dígame, Monseñor.
- Tráeme una copita de malvasía, que quiero festejar.
- ¿Monseñor?
- Efectivamente.
- Estoy a sus órdenes. ¿En qué le puedo servir?
- He visto, con sumo interés, sus declaraciones en el noticiero de hoy.
- En momentos difíciles hay que enfrentar a los medios. Pero dígame ¿Qué se le ofrece?
- Su propuesta de inversión en seguridad, me ha parecido admirable.
- Es imprescindible, evidentemente.
- Sin duda. Por eso, quería ayudarle con una sugerencia. A la hora de las adquisiciones, recuerde la compañía constructora con la que el municipio trabajó tanto tiempo...
- Pero... ¿No se verá mal que una constructora participe en contratos de seguridad y compra de vehículos?
- De ninguna manera. Recuerde que la denominación social es: "Constructora y Servicios Múltiples Quid Pro Quo, S.A. de C.V.". Las armas y los automóviles pueden caber en alguno de los numerosos servicios que ofrece.
- Si me permite, Monseñor, no me queda claro cuál es su interés en esto.
- ¡Interés ninguno, mi amigo! Sólo lo hago por el bien de la comunidad y de su propia persona. Se trata de obtener el mayor beneficio de la inversión. Por otro lado, recuerde que los socios propietarios, son muy apreciados por nuestro amado Obispo Diocesano, quien aún se halla en Roma. A su regreso, hecho que todos esperamos con gran ilusión, le complacerá ver que gente de bien ha coadyuvado con el municipio.
- No sé... No sé... En las últimas colaboraciones con la empresa, ha habido disenso.
- ¿En qué?
- Los continuos retrasos en las obras, el incremento presupuestal y -seamos honestos- especialmente sobre las entregas que se habían pactado; muy inferiores a los estándares del mercado. ¿Me explico?
- Le entiendo perfectamente. Si bien, yo no puedo hablar por ellos, porque mis funciones son de naturaleza espiritual, sospecho que podrían extenderse a un quince.
- Es insuficiente, Monseñor. El riesgo que implica tal responsabilidad...
- Recuerde que la avaricia es un pecado.
- La tontería, no. Pero debería serlo...
- Jajaja. Tiene razón. Veinte, entonces.
- No se diga más. No me cabe duda que una recomendación, tan desinteresada y sabia, debe ser tomada en cuenta.
- Me da un enorme gusto haber sido de utilidad. Por cierto...
- Diga Usted.
- Ya hemos hablado de la parte material, pero -como pastor- me preocupa el aspecto espiritual de mi rebaño.
- Por supuesto.
- Vemos -con enorme preocupación- la carencia de valores en la juventud villaflorense. Se multiplican las fiestas llenas de vulgaridad y libertinaje. Las muchachitas salen a la calle -incluso las trabajadoras municipales- vestidas de un modo indecente, carente de decoro. Más parecen mujeres públicas que honestas ciudadanas. Después se quejan del incremento en las violaciones.
- Es verdad, pero, ¿qué podemos hacer? Los jóvenes de hoy...
- ¡Nada! Los jóvenes necesitan una guía firme. Una autoridad que sirva de modelo a sus extraviadas vidas. Hay que acabar con el desorden.
- Tomaré medidas inmediatas, Monseñor.
- Eso espero, por el bien de todos.
- Así se hará.
- Gracias, Alcalde. Me imagino que mañana, a primera hora, se presentará en sus oficinas alguien de la compañía para acordar el contrato. Que Dios lo bendiga.
- Hasta pronto, Monseñor.
- ¡Euboliaaaa!
- Dígame, Monseñor.
- Tráeme una copita de malvasía, que quiero festejar.
martes, 14 de junio de 2011
(30) El montaje
- Oiga Pía, ¿Ujté ya guardó lo que sobró, del jugo de betabel, en el refrigerador?
- Sí, Adela. Lo que separé está aquí, en una jeringa que me quedó de la pobre tía Hilda.
- ¡No me la nombre! Que a la noche siento que me mira... ¡Ay, nanita!
- ¡Qué va! Si era un alma de Dios...
- ¡Por eso!
- Pongámonos contentas. La imagen -pintada con gelatina- ya está lista, y no se nota nada. Si todo va bien, como usted cuenta, se empezará a revelar la figura en una semana. ¡Vivan los hongos, las bacterias y los bichos!
- Ahora acomodemoj la estatua, delante de la "aparición", pa'hacer máj efecto.
- El lugar lo elegimos bien, ¿verdad?
- ¡Seguro! ¡P'a su mecha, no pudo estar mejor! Aquí en el corredor hay humedá, la gente no entra a ninguna habitación y hay un resplandor que no deja ver bien.
- Lo que no me gusta es la idea de cobrar la entrada.
- ¿'Tons qué? ¿De dónde saldrá la lana, pué...?
- Aquí, las personas son recelosas. Les resultaría grosero pagar por ver un milagro. Lo mejor es dejarlo a su voluntad. Ponemos una alcancía frente a la estatua, y que ellos aporten.
- 'Ta bueno... Pero que sea grandototota.
- Tengo una vieja lata de galletas que podemos forrar con estampitas. ¿Qué le parece?
- Ah, su mecha... qué buenaj ideas tiene, Pía.
- ¿Ya quedó todo lijto?
- Perfecto y acomodado.
- Ahora échele unaj gotas del juguito a loj ojo de la virgen, p'a qu'impresione.
- ¡Hecho...!
- Parece de a deveraj, oiga.
- Lo veo y... hasta me dan ganas de hincarme y ponerme a rezar...
- ¡Ah, jijo! ¿No que ya no le importa nada, y la chingada?
- Es que han sido tantos años de creyente...
- ¿Y ahora cómo hacemoj p'a avisarle a las vecinas?
- Usted, Adela, que tiene la voz más fuerte... Salga y dígaselo al mundo.
- 'Ta bueno. ¡¡¡ Milagroooo!!! ¡Milagrooooooooo!!! ¡Milagroooooooooooooooooooooo!!!
- Sí, Adela. Lo que separé está aquí, en una jeringa que me quedó de la pobre tía Hilda.
- ¡No me la nombre! Que a la noche siento que me mira... ¡Ay, nanita!
- ¡Qué va! Si era un alma de Dios...
- ¡Por eso!
- Pongámonos contentas. La imagen -pintada con gelatina- ya está lista, y no se nota nada. Si todo va bien, como usted cuenta, se empezará a revelar la figura en una semana. ¡Vivan los hongos, las bacterias y los bichos!
- Ahora acomodemoj la estatua, delante de la "aparición", pa'hacer máj efecto.
- El lugar lo elegimos bien, ¿verdad?
- ¡Seguro! ¡P'a su mecha, no pudo estar mejor! Aquí en el corredor hay humedá, la gente no entra a ninguna habitación y hay un resplandor que no deja ver bien.
- Lo que no me gusta es la idea de cobrar la entrada.
- ¿'Tons qué? ¿De dónde saldrá la lana, pué...?
- Aquí, las personas son recelosas. Les resultaría grosero pagar por ver un milagro. Lo mejor es dejarlo a su voluntad. Ponemos una alcancía frente a la estatua, y que ellos aporten.
- 'Ta bueno... Pero que sea grandototota.
- Tengo una vieja lata de galletas que podemos forrar con estampitas. ¿Qué le parece?
- Ah, su mecha... qué buenaj ideas tiene, Pía.
- ¿Ya quedó todo lijto?
- Perfecto y acomodado.
- Ahora échele unaj gotas del juguito a loj ojo de la virgen, p'a qu'impresione.
- ¡Hecho...!
- Parece de a deveraj, oiga.
- Lo veo y... hasta me dan ganas de hincarme y ponerme a rezar...
- ¡Ah, jijo! ¿No que ya no le importa nada, y la chingada?
- Es que han sido tantos años de creyente...
- ¿Y ahora cómo hacemoj p'a avisarle a las vecinas?
- Usted, Adela, que tiene la voz más fuerte... Salga y dígaselo al mundo.
- 'Ta bueno. ¡¡¡ Milagroooo!!! ¡Milagrooooooooo!!! ¡Milagroooooooooooooooooooooo!!!
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