domingo, 12 de junio de 2011

(28) Nuevo sacrificio

- Monseñor... ¿Pasó algo malo? Trae usted una expresión de congoja...
- Sí, Eubolia. Acaba de morir Doña Lucrecia, prácticamente en mis manos.
- ¡Bendito! ¿Cómo fue?
- Fui al hospital a darle los Santos Óleos. El Viático no fue posible, estaba inconsciente y llena de tubos. Cuando estaba terminando de ungirla... Uh... Uhh...
- Monseñor ¿se siente bien?
- Sí, Eubolia... Sólo es que me emociono frente a la solemnidad de la muerte.
- No es para menos... Habiendo sido tan amiga de su hermana...
- Así es... Y los médicos no pudieron hacer nada. Fue la voluntad del Señor, quien decidió todo. Felizmente estuve allí, para darle la última asistencia espiritual. Confortarla en esos momentos de dura transición hacia la vida eterna... Ojalá, Dios haya perdonado todas sus faltas. Incluso la escabrosa concupiscencia en que -según las investigaciones periodísticas- habría caído... Pero nuestro Señor es magnánimo, infinitamente sabio y misericordioso y sabrá comprender a una pecadora.
- Sin duda, Monseñor.
- Prepárame la cena, ahora. Debo reponer energías. Y llama a Rubén y Adrián, que necesito hablarles con urgencia.
- Claro, Monseñor, voy de volada.


- Muchachos... Antes de que se vayan debo decirles que hoy he vivido un momento en extremo difícil. Dios, me ha sometido a una prueba muy dura. Siento que debo reparar mi pobre espíritu, débil y pecador. Así que mañana tendremos una nueva sesión de sacrificio. Deberán venir debidamente preparados, como en anteriores ocasiones. Pede poena claudo.
- ¡Otra vez, Monseñor! ¿No le parece que ésto ha ido algo lejos?
- ¡¿Cómo te atreves a contradecirme?! Ego, Episcope Villaflorensis, habeo ius puniendi. Qui bene amat, bene castigat.
- Es que, yo... Creo...
- ¡Tu no crees nada! ¡Aquí el que decide soy yo! ¿Te queda claro? Eius nulla culpa est cui parere necesse sit.
- Sí, Monseñor...
- Ahora retírense... Debo descansar y prepararme espiritualmente para la punición.
- Hasta mañana, Monseñor.
 
 

 

   

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