miércoles, 8 de junio de 2011

(25) Confidencias y planes

- Oiga, Pía. ¿Ujté no se enojó conmigo por lo de las hostias? Porque Eubolia está que la lleva el tren.
- No, Adela... Me dió risa.
- ¿Y eso? ¿No qu'es un sacrilegio terrible?
- Le voy a confiar algo, me vale. Me cambié de religión. Me pasé al bando del Óxil.
- ¿Y qué'j eso?
- Lo contrario del lixo. Yo me entiendo. Pero no le cuente a Eubolia porque se pondría más furiosa aún.
- Nooo, p'a nada. No sé ella de qué se ejpanta, allá en mi pueblo hay de todo. Con tanto brujo en la zona...
- Sí, verdá.
- Oiga, ¿y por qué lo hizo?
- Me cansé de rezarle a dios, y los santos, y que no me trajeran un novio.
- ¿Y cuál le gusta?
- Un muchacho que -a veces- me trae el agua purificada. ¿Qué cree? Hace dos días viene y que me dice: "¿Y dónde está la ruca? ¿Usté es su sobrina, mi reina?".
- Ah, caray... La desconoció.
- Sí, y no quise decirle la verdad. Le respondí que mi anciana tía se había ido a vivir a otra parte y que, ahora, yo era la dueña. ¿Cómo ve?
- 'Ta buenísimo, ¿no?
- No. Porque en cuanto se me vaya el tinte,  me crezcan los vellos, se me acabe el maquillaje, y la ropa nueva se arruine, no voy a tener p'a mantener "el look", como dice Christian. El poco dinero que me deja la renta de una casita en la otra cuadra, no me alcanza para mantener ésta. Ya ve que es muy grande y vieja,  los gastos se me van en composturas. Hay que retechar, las paredes están húmedas, ¡p'a qué le cuento, si usted lo está viendo!
- Me acaba de dar una idea, Pía.
- ¿Cuál?
- Ujté sabe de manualidades, ¿no? Pintar y éso...
- Sí, algo. Especialmente una copia, me sale muy bien.
- ¡Eso es lo que necesitamos!
- ¿Para?
- Allá en mi pueblo, tenía una vecina bien retepobre, viera. Ni p'a comer tenía, la infeliz. Y un día que se le ocurre hacer un santuario en la casa.
- ¿Un santuario?
- Con un poco de gelatina, que alguien le había regalado, y con el dedo, dibujó en la pared una imagen de la virgen.
- ¿Y qué con eso? Apenas habrá quedado marcada.
- Dijo que, al principio, no se veía ni madres. Pero que, días después, se oscureció y tomó unos colores bien raros por la lama, loj hongos, las bactéreas, y todo bicho que se da por allá.
- ¡Ah, caray!
- Cuando aquello quedó precioso, le avisó a las vecinas. Ellas, asombradas, dijieron que era un milagro brotado de la pared, que debía mostrárselo a todos. Así que empezó a cobrar la entrada y ¿qué cree?
- ¿A poco se llenó de lana?
- Algo, no crea que mucha, porque el pueblo no da p'a tanto, pero ya no le faltó de nada.
- ¿Y cuando se terminó el "milagro"...?
- Se fue p'a Guanajuato y repitió el sistema. Dicen que ahora tiene un hotel...
 
 
 
 

 
 

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