- ¡Cassandra divis! ¡Qué bueno que viniste, mi amorsh! Tienes que seguir con el tratamiento de crema para que te crezca rápido ese cabello y recuperar las rastas... Así, pareces bola de billarsh.
- ¿Qué hubo, Christian?
- Aquí, mi amorsh... Preocupado por todas las cosas que están pasando.
- No mames, güey...
- ¡En serio! ¿No te enteraste del atentado a Doña Lucrecia?
- ¿Una ruca muy de la iglesia, y la chingada, no?
- Era mi clienta. Vieras qué elegante y distinguida. Bastante prepotente, eso sí. Pero la clase se le veía de lejos.
- ¿Y qué pedo con ella, o qué?
- La asaltaron a la salida de una casa de cambio.
- Utaaaaa.
- Lo que oyes. Y, ni te digo, lo que sacaron en el periódico. Según parece, tenía un chichifo.
- Órale...
- Dizque, como no le dió la lana que le había prometido, la mandó matar.
- P'a su madre... 'Ta grueso, güey.
- Pero, aquí entre nos (y no se lo digas a nadie, porfa) parece que la cosa va por otro lado.
- ¿Como qué?
- Unas clientas me contaron que ella, días antes, les dijo que alguien le debía unas acciones.
- Ah, chingá...
- Así que, si no se las querían pagar...
- ¡Que se la chingan, güey!
- Claro...
- ¿Y la historia del chichifo?
- Quién sabe, mi amorsh... Ya ves qué fácil es distraer al público con pendejadas.
- Eso que ni qué, güey.
- Oye. ¿Y tu tía Pía? ¿Qué onda con ella? La dejé hecha una muñeca.
- Bien, güey. Pero en lugar de ponerse a buscar un chavo, como quería, anda cargando a una prima de su amiga.
- ¿Y eso?
- Como la Eubolia no la podía alojar en la curia, la encargó con mi tía. Pero parece que la ruca es un megadesastre, güey.
- No digas...
- Armó un lío tremendo con unos dulces de coco. Que, entre paréntesis, estaban de poca madre.
- No digas...
- Pero, cuando le pregunté a mi tía qué pasó, en lugar de responder enojada, le dió un ataque de risa.
- ¿A poco?
- ¿Raro no, güey?
Este blog comenzó con ideas personales, microcuentos, e historias diversas. Al paso del tiempo, unos relatos empezaron a enlazarse con otros y los personajes cobraron vida propia; si bien, me cuesta transcribir su forma de hablar y elegir sus aventuras (tienen muchas más de las que escribo). Tal como va, se está configurando una “blogonovela” (versión electrónica de los populares folletines del siglo XIX). Si a alguien le divierte este blog que lo exprese, y -sinó- que calle para siempre...
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