- Con ejta entradera y salidera de gente, el negocito va viento en popa. Pero sí que cansa, ¿eh? No he parado de fingir que rezo todo el tiempo, chingao.
- Igual yo. Me voy a servir un refresco, ya estoy agotada.
- Oiga, Pía. ¿Me traería un café de la cocina? Me quedaré vigilando a esa vieja de verde, porque se me hace que quiere meter la mano en la lata, la muy cabrona...
- ¿Por qué dice eso, Adela?
- Hace un rato se echó encima de la ejtatua qu'ejque p'a secarle laj lágrimas... Pero tenía la vista fija en la alcancía.
- Ah, caray.
- La tuve que detener. Cómo hay gente sinvergüenza, ¿eh?
- ¡Qué barbaridad! Mire que aprovecharse de la pobre Virgen Santísima... Voy por el café.
En la pared del fondo, la luz de la tarde comienza a reflejarse con tonos dorados. De pronto, como animadas por un mensaje celestial, dos cochinillas de humedad se dirigen prontamente a una mancha oval que comienza, poco a poco, a revelarse. Se detienen a pocos centímetros de distancia una de la otra. Al ver eso, una de las señoras, que devotamente se hallan orando, codea a su vecina.
- Oiga. ¿Ya vió que en la pared pareciera que hay una figura?
- ¿Dónde? Sin mis lentes no veo bien, deje que me los ponga...
- Allá, al fondo. Detrás de la estatua de Nuestra Madre Santísima.
- A ver... ¡De veras, oiga! Hasta se le notan los ojos.
- ¡En serio! Esta es otra señal... ¡Aquí, frente a nosotras se está produciendo otro milagro!
- ¡Jesús me ampare! ¡¡¡ Milagrooo!!! ¡¡¡ Milagroooooooooo!!!
Los asistentes comienzan a agitarse y murmurar. Pía vuelve corriendo de la cocina y por poco vuelca el café sobre un pequeño que mira la escena asustado. Descubre, divertida, que las cochinillas se han parado justo en la zona correspondiente a los ojos que dibujó con gelatina. Además, los hongos, por la humedad ambiente y el medio nutritivo, ya están delineando el manto. Adela y Pía intercambian una mirada cómplice y contienen la risa. Un nuevo prodigio ha comenzado a suceder a la vista de todos.
Este blog comenzó con ideas personales, microcuentos, e historias diversas. Al paso del tiempo, unos relatos empezaron a enlazarse con otros y los personajes cobraron vida propia; si bien, me cuesta transcribir su forma de hablar y elegir sus aventuras (tienen muchas más de las que escribo). Tal como va, se está configurando una “blogonovela” (versión electrónica de los populares folletines del siglo XIX). Si a alguien le divierte este blog que lo exprese, y -sinó- que calle para siempre...
lunes, 27 de junio de 2011
domingo, 26 de junio de 2011
(35) El confesor
- Sírveme otra taza de café y trae más galletas. Este programa de debate periodístico es muy interesante. Próximamente, si no es bajo prescripción médica y con receta ar-chi-va-da, quedará prohibida la venta de anticonceptivos. ¡Así se hace! ¡Bien por la familia!
- Monseñor, el Padre Renato está al teléfono.
- ¡Ufffffff, justo ahora! Contestaré en mi oficina, Eubolia.
- ¿Diga?
- Monseñor, tenga muy buenas tardes.
- Qué tal Renato. ¿Qué se te ofrece?
- Espero no importunarlo con mi llamada.
- Estoy preparando una homilía. Tengo un descomunal trabajo por delante, pero no importa. Sacrificaré mis pobres minutos de descanso para atenderte. ¿Es algo de la parroquia?
- No exactamente. Usted sabe... Digo... Como soy Director Espiritual y Confesor de Adrián...
- Eso me queda claro. ¿Entonces?
- Pues... He estado reflexionando... y...
- Ya... Acaba de decirlo.
- Usted sabe que el secreto de confesión sella mis labios.
- Desde luego. Me impacientas... ¿Qué quieres?
- He notado, con enorme preocupación, que la salud espiritual de Adrián se encuentra severamente comprometida.
- ¿Ah, si? ¿Por qué?
- No me es posible revelarlo, usted entiende.
- No, no entiendo nada. ¿Con qué fin me llamas?
- Quisiera poner, a su amable consideración, una humilde solicitud.
- ¿Cuál?
- Que releve a Adrián de estar a su servicio. Le haría mucho bien dedicarse solamente a sus estudios de teología.
- ¿Razones?
- Ehhh... Bueno... Me parece que...
- ¿Te parece, o estás seguro? Acaso consideras que el trabajo de la curia no es importante...
- No, no... Eso, no.
- ¿Y bien?
- Sólo es una sugerencia.
- Siendo así, la voy a tener en cuenta.
- Gracias, Monseñor. Ya no ocupo más su tiempo.
- Por cierto...
- Dígame.
- ¿Cómo haces para tener el cabello tan bien cuidado? Casi no tienes canas, y a tu edad...
- Me hago atender por un peluquero muy bueno.
- A ver... pásame los datos.
- Se llama Christian, y su teléfono es el 4968-3127.
- Ya lo anoté. Buenas tardes.
- Gracias nuevamente, Monseñor.
- Monseñor, el Padre Renato está al teléfono.
- ¡Ufffffff, justo ahora! Contestaré en mi oficina, Eubolia.
- ¿Diga?
- Monseñor, tenga muy buenas tardes.
- Qué tal Renato. ¿Qué se te ofrece?
- Espero no importunarlo con mi llamada.
- Estoy preparando una homilía. Tengo un descomunal trabajo por delante, pero no importa. Sacrificaré mis pobres minutos de descanso para atenderte. ¿Es algo de la parroquia?
- No exactamente. Usted sabe... Digo... Como soy Director Espiritual y Confesor de Adrián...
- Eso me queda claro. ¿Entonces?
- Pues... He estado reflexionando... y...
- Ya... Acaba de decirlo.
- Usted sabe que el secreto de confesión sella mis labios.
- Desde luego. Me impacientas... ¿Qué quieres?
- He notado, con enorme preocupación, que la salud espiritual de Adrián se encuentra severamente comprometida.
- ¿Ah, si? ¿Por qué?
- No me es posible revelarlo, usted entiende.
- No, no entiendo nada. ¿Con qué fin me llamas?
- Quisiera poner, a su amable consideración, una humilde solicitud.
- ¿Cuál?
- Que releve a Adrián de estar a su servicio. Le haría mucho bien dedicarse solamente a sus estudios de teología.
- ¿Razones?
- Ehhh... Bueno... Me parece que...
- ¿Te parece, o estás seguro? Acaso consideras que el trabajo de la curia no es importante...
- No, no... Eso, no.
- ¿Y bien?
- Sólo es una sugerencia.
- Siendo así, la voy a tener en cuenta.
- Gracias, Monseñor. Ya no ocupo más su tiempo.
- Por cierto...
- Dígame.
- ¿Cómo haces para tener el cabello tan bien cuidado? Casi no tienes canas, y a tu edad...
- Me hago atender por un peluquero muy bueno.
- A ver... pásame los datos.
- Se llama Christian, y su teléfono es el 4968-3127.
- Ya lo anoté. Buenas tardes.
- Gracias nuevamente, Monseñor.
miércoles, 22 de junio de 2011
(34) El primer milagro
- ¿Ya cerró la puerta, Adela?
- Yaaaaaa, Pía... Ejtas locas me tráin emputada, coño. No se querían ir...
- ¡Pero ha sido todo un éxito!
- ¿P'oj, qué le dije?
- Llegaron en tropel, y se tragaron el cuento de las lágrimas... Bueno, en otro momento, yo hubiera reaccionado igual...
- ¿Ya vió la cantidá de velas que nos pusieron? Ejto parece iglesia, chingao.
- Cómo será, que se corrió la voz y vino gente de las colonias cercanas...
- Se me hace que vamoj a tener mucho trabajo.
- Lo que sí me dió miedo es cuando a la vecina de la vuelta le dió el ataque.
- ¡Cállese! Yo creí que ibamoj a tener que llamar a una ambulancia.
- Menos mal que el marido estaba presente.
- Pobre hombre... Más se asustó cuando una niña empezó a gritar: "¡¡¡La Virgen Santa se la lleva!!!". Seguro creyó que se le moría.
- El escándalo que se armó.
- ¡Y cómo echaba ejpuma por la boca!
- La salvó la vecina de junto. Tantito alcohol en la frente y reaccionó.
- Sí, menoj mal...
- A todo esto...¿Qué tal fué la recaudación?
- No sé... ¿Por qué no abrimoj la lata?
- A ver...
- ¡Oiga, eso ej un dineral!
- ¡Bendito sea Dio... Digo... el Óxil!
- ¿Y quién ej el óxil, ése?
- El que nos ayuda, Adela.
- Ah, bueno...
- Ya que tenemos recursos, mañana vamos a comprar un botiquín de primeros auxilios.
- Sí, p'a que no noj agarre dejprevenidaj, pué...
- Yaaaaaa, Pía... Ejtas locas me tráin emputada, coño. No se querían ir...
- ¡Pero ha sido todo un éxito!
- ¿P'oj, qué le dije?
- Llegaron en tropel, y se tragaron el cuento de las lágrimas... Bueno, en otro momento, yo hubiera reaccionado igual...
- ¿Ya vió la cantidá de velas que nos pusieron? Ejto parece iglesia, chingao.
- Cómo será, que se corrió la voz y vino gente de las colonias cercanas...
- Se me hace que vamoj a tener mucho trabajo.
- Lo que sí me dió miedo es cuando a la vecina de la vuelta le dió el ataque.
- ¡Cállese! Yo creí que ibamoj a tener que llamar a una ambulancia.
- Menos mal que el marido estaba presente.
- Pobre hombre... Más se asustó cuando una niña empezó a gritar: "¡¡¡La Virgen Santa se la lleva!!!". Seguro creyó que se le moría.
- El escándalo que se armó.
- ¡Y cómo echaba ejpuma por la boca!
- La salvó la vecina de junto. Tantito alcohol en la frente y reaccionó.
- Sí, menoj mal...
- A todo esto...¿Qué tal fué la recaudación?
- No sé... ¿Por qué no abrimoj la lata?
- A ver...
- ¡Oiga, eso ej un dineral!
- ¡Bendito sea Dio... Digo... el Óxil!
- ¿Y quién ej el óxil, ése?
- El que nos ayuda, Adela.
- Ah, bueno...
- Ya que tenemos recursos, mañana vamos a comprar un botiquín de primeros auxilios.
- Sí, p'a que no noj agarre dejprevenidaj, pué...
viernes, 17 de junio de 2011
(33) El desayuno
-Buenos días, Monseñor, ¿Qué tal durmió?
- Con dulzura, Eubolia.
- ¿Le preparo el desayuno?
- Desde luego. Las copitas de malvasía han hecho estragos... jeje.
- ¿Le sirvo unos ricos huevos divorciados?
- ¡Nunca! Divorciados ¡jamás! Que sean a la mexicana... bien picosos, ya sabes.
- Claro, Monseñor.
- Pon el noticiero, quiero estar informado. Este mundo está de cabeza...
- Enseguida, Monseñor.
________________________________________________________
- Noticias de último momento. El Señor Alcalde de Villa de las Flores acaba de proclamar un Bando Solemne, que dice así:
Vecinos y vecinas de Villa de las Flores. Hoy, en atención a repetidas quejas de la población, y en virtud de consultas ciudadanas que, respondiendo a una estrategia integral nos llevan a redoblar esfuerzos en pos de un compromiso asumido con los mejores instrumentos de gestión municipal, cuya participación redunda en la buena gestión de una administración responsable, hemos decretado que:
a) Se prohibe, en todo el ámbito municipal, la portación de vestimentas inadecuadas. Sean éstas, minifaldas, escotes, bermudas, shorts, o cualquier otra prenda indumentaria que, aún cubriendo totalmente la anatomía, sea extravagante y que contravenga la moral y las buenas costumbres que tradicionalmente nos han caracterizado.
b) La apariencia externa deberá ajustarse a la normalidad, quedando excluídos los maquillajes excesivos y provocadores, que sólo incitan al poco respeto y faltas al decoro, que nuestras ciudadanas deben exhibir.
c) Queda suspendida toda fiesta, celebración, o reunión, que no haya sido debidamente autorizada por nuestro Honorable Cabildo con diez días de anticipación y previa solicitud por triplicado.
Quienes no respeten la presente norma quedarán sujetos a la aplicación de las más graves sanciones por faltas a la moral y la decencia pública.
Villa de las Flores, 17 de junio de 2011
________________________________________________________
- Apaga la tele, Eubolia. Hoy es un día feliz, en el que vislumbro un buen futuro...
- Sí, Monseñor.
jueves, 16 de junio de 2011
(32) Confesiones de muchachos
- Hasta mañana, muchachos.
- Hasta mañana, Eubolia.
- Oye Rubén, ¿estás apurado?
- No, ¿por qué?
- Vamos a tomar un café y platicamos, ¿si?
- Sale y vale. ¿Qué tienes?
- Esto no me está gustando nada...
- Ni a mí... ¿pero qué hacemos?
- No lo sé. Pero, lo voy a consultar con mi confesor.
- ¿Te late?
- Con quién, sinó.
- Es que...
- No pensarás que el Padre Renato va a romper el secreto de confesión.
- No, eso, no... Pero... Hacer público algo así...
- ¡No es público! Es una conversación entre Dios, el Padre Renato y yo.
- ¿Qué le dirás?
- Todo.
- ¿Seguro? Incluyéndome a mi...
- Trataré de no hacer referencia a tí, obvio. Pero hay cosas que Monseñor nos llevó a hacer juntos...
- ¡Híjole!
- ¿Le dirás lo de la computadora?
- Sin duda. De ahí saca las ideas.
- ¿Le contarás lo último?
- Qué, ¿lo de los tenis?
- Sí... ¿No se te hace chocante eso hacernos presentar en ropa deportiva y obligarnos a que le caminemos por encima?
- Es repulsivo. Al final, él se queda feliz, pero yo me siento sucio...
- Igual yo...
- Y, después, lo otro...
- Eso ya no se lo voy a contar. Es demasiado...
- Se lo va a imaginar.
- Quizá...
- Se me hace que Eubolia sospecha algo. Lo veo en su mirada cuando llegamos y nos encerramos en la recámara. Y es peor, aún, cuando salimos. Como si buscara leer algo en mi cara.
- Yo he sentido lo mismo. Pero ella es una tumba. Nunca dirá nada, por respeto al Obispo.
-Claro.
- En fin... Mañana será otro día.
- Sí...
- Bye.
- Hasta mañana, Eubolia.
- Oye Rubén, ¿estás apurado?
- No, ¿por qué?
- Vamos a tomar un café y platicamos, ¿si?
- Sale y vale. ¿Qué tienes?
- Esto no me está gustando nada...
- Ni a mí... ¿pero qué hacemos?
- No lo sé. Pero, lo voy a consultar con mi confesor.
- ¿Te late?
- Con quién, sinó.
- Es que...
- No pensarás que el Padre Renato va a romper el secreto de confesión.
- No, eso, no... Pero... Hacer público algo así...
- ¡No es público! Es una conversación entre Dios, el Padre Renato y yo.
- ¿Qué le dirás?
- Todo.
- ¿Seguro? Incluyéndome a mi...
- Trataré de no hacer referencia a tí, obvio. Pero hay cosas que Monseñor nos llevó a hacer juntos...
- ¡Híjole!
- ¿Le dirás lo de la computadora?
- Sin duda. De ahí saca las ideas.
- ¿Le contarás lo último?
- Qué, ¿lo de los tenis?
- Sí... ¿No se te hace chocante eso hacernos presentar en ropa deportiva y obligarnos a que le caminemos por encima?
- Es repulsivo. Al final, él se queda feliz, pero yo me siento sucio...
- Igual yo...
- Y, después, lo otro...
- Eso ya no se lo voy a contar. Es demasiado...
- Se lo va a imaginar.
- Quizá...
- Se me hace que Eubolia sospecha algo. Lo veo en su mirada cuando llegamos y nos encerramos en la recámara. Y es peor, aún, cuando salimos. Como si buscara leer algo en mi cara.
- Yo he sentido lo mismo. Pero ella es una tumba. Nunca dirá nada, por respeto al Obispo.
-Claro.
- En fin... Mañana será otro día.
- Sí...
- Bye.
miércoles, 15 de junio de 2011
(31) Dos poderes
- Señor Alcalde...
- ¿Monseñor?
- Efectivamente.
- Estoy a sus órdenes. ¿En qué le puedo servir?
- He visto, con sumo interés, sus declaraciones en el noticiero de hoy.
- En momentos difíciles hay que enfrentar a los medios. Pero dígame ¿Qué se le ofrece?
- Su propuesta de inversión en seguridad, me ha parecido admirable.
- Es imprescindible, evidentemente.
- Sin duda. Por eso, quería ayudarle con una sugerencia. A la hora de las adquisiciones, recuerde la compañía constructora con la que el municipio trabajó tanto tiempo...
- Pero... ¿No se verá mal que una constructora participe en contratos de seguridad y compra de vehículos?
- De ninguna manera. Recuerde que la denominación social es: "Constructora y Servicios Múltiples Quid Pro Quo, S.A. de C.V.". Las armas y los automóviles pueden caber en alguno de los numerosos servicios que ofrece.
- Si me permite, Monseñor, no me queda claro cuál es su interés en esto.
- ¡Interés ninguno, mi amigo! Sólo lo hago por el bien de la comunidad y de su propia persona. Se trata de obtener el mayor beneficio de la inversión. Por otro lado, recuerde que los socios propietarios, son muy apreciados por nuestro amado Obispo Diocesano, quien aún se halla en Roma. A su regreso, hecho que todos esperamos con gran ilusión, le complacerá ver que gente de bien ha coadyuvado con el municipio.
- No sé... No sé... En las últimas colaboraciones con la empresa, ha habido disenso.
- ¿En qué?
- Los continuos retrasos en las obras, el incremento presupuestal y -seamos honestos- especialmente sobre las entregas que se habían pactado; muy inferiores a los estándares del mercado. ¿Me explico?
- Le entiendo perfectamente. Si bien, yo no puedo hablar por ellos, porque mis funciones son de naturaleza espiritual, sospecho que podrían extenderse a un quince.
- Es insuficiente, Monseñor. El riesgo que implica tal responsabilidad...
- Recuerde que la avaricia es un pecado.
- La tontería, no. Pero debería serlo...
- Jajaja. Tiene razón. Veinte, entonces.
- No se diga más. No me cabe duda que una recomendación, tan desinteresada y sabia, debe ser tomada en cuenta.
- Me da un enorme gusto haber sido de utilidad. Por cierto...
- Diga Usted.
- Ya hemos hablado de la parte material, pero -como pastor- me preocupa el aspecto espiritual de mi rebaño.
- Por supuesto.
- Vemos -con enorme preocupación- la carencia de valores en la juventud villaflorense. Se multiplican las fiestas llenas de vulgaridad y libertinaje. Las muchachitas salen a la calle -incluso las trabajadoras municipales- vestidas de un modo indecente, carente de decoro. Más parecen mujeres públicas que honestas ciudadanas. Después se quejan del incremento en las violaciones.
- Es verdad, pero, ¿qué podemos hacer? Los jóvenes de hoy...
- ¡Nada! Los jóvenes necesitan una guía firme. Una autoridad que sirva de modelo a sus extraviadas vidas. Hay que acabar con el desorden.
- Tomaré medidas inmediatas, Monseñor.
- Eso espero, por el bien de todos.
- Así se hará.
- Gracias, Alcalde. Me imagino que mañana, a primera hora, se presentará en sus oficinas alguien de la compañía para acordar el contrato. Que Dios lo bendiga.
- Hasta pronto, Monseñor.
- ¡Euboliaaaa!
- Dígame, Monseñor.
- Tráeme una copita de malvasía, que quiero festejar.
- ¿Monseñor?
- Efectivamente.
- Estoy a sus órdenes. ¿En qué le puedo servir?
- He visto, con sumo interés, sus declaraciones en el noticiero de hoy.
- En momentos difíciles hay que enfrentar a los medios. Pero dígame ¿Qué se le ofrece?
- Su propuesta de inversión en seguridad, me ha parecido admirable.
- Es imprescindible, evidentemente.
- Sin duda. Por eso, quería ayudarle con una sugerencia. A la hora de las adquisiciones, recuerde la compañía constructora con la que el municipio trabajó tanto tiempo...
- Pero... ¿No se verá mal que una constructora participe en contratos de seguridad y compra de vehículos?
- De ninguna manera. Recuerde que la denominación social es: "Constructora y Servicios Múltiples Quid Pro Quo, S.A. de C.V.". Las armas y los automóviles pueden caber en alguno de los numerosos servicios que ofrece.
- Si me permite, Monseñor, no me queda claro cuál es su interés en esto.
- ¡Interés ninguno, mi amigo! Sólo lo hago por el bien de la comunidad y de su propia persona. Se trata de obtener el mayor beneficio de la inversión. Por otro lado, recuerde que los socios propietarios, son muy apreciados por nuestro amado Obispo Diocesano, quien aún se halla en Roma. A su regreso, hecho que todos esperamos con gran ilusión, le complacerá ver que gente de bien ha coadyuvado con el municipio.
- No sé... No sé... En las últimas colaboraciones con la empresa, ha habido disenso.
- ¿En qué?
- Los continuos retrasos en las obras, el incremento presupuestal y -seamos honestos- especialmente sobre las entregas que se habían pactado; muy inferiores a los estándares del mercado. ¿Me explico?
- Le entiendo perfectamente. Si bien, yo no puedo hablar por ellos, porque mis funciones son de naturaleza espiritual, sospecho que podrían extenderse a un quince.
- Es insuficiente, Monseñor. El riesgo que implica tal responsabilidad...
- Recuerde que la avaricia es un pecado.
- La tontería, no. Pero debería serlo...
- Jajaja. Tiene razón. Veinte, entonces.
- No se diga más. No me cabe duda que una recomendación, tan desinteresada y sabia, debe ser tomada en cuenta.
- Me da un enorme gusto haber sido de utilidad. Por cierto...
- Diga Usted.
- Ya hemos hablado de la parte material, pero -como pastor- me preocupa el aspecto espiritual de mi rebaño.
- Por supuesto.
- Vemos -con enorme preocupación- la carencia de valores en la juventud villaflorense. Se multiplican las fiestas llenas de vulgaridad y libertinaje. Las muchachitas salen a la calle -incluso las trabajadoras municipales- vestidas de un modo indecente, carente de decoro. Más parecen mujeres públicas que honestas ciudadanas. Después se quejan del incremento en las violaciones.
- Es verdad, pero, ¿qué podemos hacer? Los jóvenes de hoy...
- ¡Nada! Los jóvenes necesitan una guía firme. Una autoridad que sirva de modelo a sus extraviadas vidas. Hay que acabar con el desorden.
- Tomaré medidas inmediatas, Monseñor.
- Eso espero, por el bien de todos.
- Así se hará.
- Gracias, Alcalde. Me imagino que mañana, a primera hora, se presentará en sus oficinas alguien de la compañía para acordar el contrato. Que Dios lo bendiga.
- Hasta pronto, Monseñor.
- ¡Euboliaaaa!
- Dígame, Monseñor.
- Tráeme una copita de malvasía, que quiero festejar.
martes, 14 de junio de 2011
(30) El montaje
- Oiga Pía, ¿Ujté ya guardó lo que sobró, del jugo de betabel, en el refrigerador?
- Sí, Adela. Lo que separé está aquí, en una jeringa que me quedó de la pobre tía Hilda.
- ¡No me la nombre! Que a la noche siento que me mira... ¡Ay, nanita!
- ¡Qué va! Si era un alma de Dios...
- ¡Por eso!
- Pongámonos contentas. La imagen -pintada con gelatina- ya está lista, y no se nota nada. Si todo va bien, como usted cuenta, se empezará a revelar la figura en una semana. ¡Vivan los hongos, las bacterias y los bichos!
- Ahora acomodemoj la estatua, delante de la "aparición", pa'hacer máj efecto.
- El lugar lo elegimos bien, ¿verdad?
- ¡Seguro! ¡P'a su mecha, no pudo estar mejor! Aquí en el corredor hay humedá, la gente no entra a ninguna habitación y hay un resplandor que no deja ver bien.
- Lo que no me gusta es la idea de cobrar la entrada.
- ¿'Tons qué? ¿De dónde saldrá la lana, pué...?
- Aquí, las personas son recelosas. Les resultaría grosero pagar por ver un milagro. Lo mejor es dejarlo a su voluntad. Ponemos una alcancía frente a la estatua, y que ellos aporten.
- 'Ta bueno... Pero que sea grandototota.
- Tengo una vieja lata de galletas que podemos forrar con estampitas. ¿Qué le parece?
- Ah, su mecha... qué buenaj ideas tiene, Pía.
- ¿Ya quedó todo lijto?
- Perfecto y acomodado.
- Ahora échele unaj gotas del juguito a loj ojo de la virgen, p'a qu'impresione.
- ¡Hecho...!
- Parece de a deveraj, oiga.
- Lo veo y... hasta me dan ganas de hincarme y ponerme a rezar...
- ¡Ah, jijo! ¿No que ya no le importa nada, y la chingada?
- Es que han sido tantos años de creyente...
- ¿Y ahora cómo hacemoj p'a avisarle a las vecinas?
- Usted, Adela, que tiene la voz más fuerte... Salga y dígaselo al mundo.
- 'Ta bueno. ¡¡¡ Milagroooo!!! ¡Milagrooooooooo!!! ¡Milagroooooooooooooooooooooo!!!
- Sí, Adela. Lo que separé está aquí, en una jeringa que me quedó de la pobre tía Hilda.
- ¡No me la nombre! Que a la noche siento que me mira... ¡Ay, nanita!
- ¡Qué va! Si era un alma de Dios...
- ¡Por eso!
- Pongámonos contentas. La imagen -pintada con gelatina- ya está lista, y no se nota nada. Si todo va bien, como usted cuenta, se empezará a revelar la figura en una semana. ¡Vivan los hongos, las bacterias y los bichos!
- Ahora acomodemoj la estatua, delante de la "aparición", pa'hacer máj efecto.
- El lugar lo elegimos bien, ¿verdad?
- ¡Seguro! ¡P'a su mecha, no pudo estar mejor! Aquí en el corredor hay humedá, la gente no entra a ninguna habitación y hay un resplandor que no deja ver bien.
- Lo que no me gusta es la idea de cobrar la entrada.
- ¿'Tons qué? ¿De dónde saldrá la lana, pué...?
- Aquí, las personas son recelosas. Les resultaría grosero pagar por ver un milagro. Lo mejor es dejarlo a su voluntad. Ponemos una alcancía frente a la estatua, y que ellos aporten.
- 'Ta bueno... Pero que sea grandototota.
- Tengo una vieja lata de galletas que podemos forrar con estampitas. ¿Qué le parece?
- Ah, su mecha... qué buenaj ideas tiene, Pía.
- ¿Ya quedó todo lijto?
- Perfecto y acomodado.
- Ahora échele unaj gotas del juguito a loj ojo de la virgen, p'a qu'impresione.
- ¡Hecho...!
- Parece de a deveraj, oiga.
- Lo veo y... hasta me dan ganas de hincarme y ponerme a rezar...
- ¡Ah, jijo! ¿No que ya no le importa nada, y la chingada?
- Es que han sido tantos años de creyente...
- ¿Y ahora cómo hacemoj p'a avisarle a las vecinas?
- Usted, Adela, que tiene la voz más fuerte... Salga y dígaselo al mundo.
- 'Ta bueno. ¡¡¡ Milagroooo!!! ¡Milagrooooooooo!!! ¡Milagroooooooooooooooooooooo!!!
lunes, 13 de junio de 2011
(29) Autoridades en la tele
- ¿Ya más tranquilo, Monseñor?
- Notablemente mejor, Eubolia. Esta mañana he hallado la reconciliación, en Nuestro Señor, que tanto anhelaba. El sacrificio rinde sus frutos, y con luces siempre nuevas...
- ¿Le sirvo su chocolatito?
- Desde luego. También enciende el televisor, es hora del noticiero.
- Sr. Alcalde, ¿qué opina del fallecimiento de Doña Lucrecia Zaldívar Batlló y Miramón?
- Estamos muy preocupados por la ola de inseguridad que llama a nuestras puertas.
- ¿Qué planes hay para volver a la normalidad?
- Mire Sr. periodista. Nos hallamos estudiando una estrategia integral que, en esta coyuntura, nos permita la recuperación del espacio público, para todas y todos. Los distintos órdenes de gobierno deberán coordinarse y coadyuvar, aportando su granito de arena para cumplir las tareas pendientes. En este momento histórico, debemos lograr los acuerdos y consensos cuyo compromiso transite a la eficiente gestión de una administración responsable.
- ¿A qué se deben estos problemas nuevos?
- Son muchas las tareas pendientes. No todos han entendido que juntos podemos, con una amplia participación, mediante la sinergia emanada de los programas y proyectos en curso, situarnos en el camino correcto. Hay que hacer la tarea. Debemos emprender las reformas estructurales cuya estrategia integral supone la democratización y atención ciudadana que se requiere en esta hora de retos institucionales.
- ¿Con qué fines?
- Debemos tener claro que crisis también significa oportunidad. La ciudadanización del espacio público, con la participación colectiva, y sin caer en populismos trasnochados, nos podrá llevar a la creación de inmensas oportunidades para modernizar y darle sentido a los desafíos que representan una inversión de futuro.
- ¿Vamos bien, entonces?
- Sin duda. Estamos coadyuvando en el camino correcto. Juntos, podemos.
- ¿Alguna línea de acción que no pueda esperar?
- Desde luego. He ordenado la adquisición inmediata de dos mil fusiles automáticos, ochocientos chalecos antibala y un número similar de cascos para dotar a nuestras fuerzas del orden local. También he autorizado la compra de cincuenta vehículos blindados para uso exclusivo del personal municipal y de su familia directa. Comprenderá, Sr. periodista, que no podemos quedar en manos de quienes se oponen, delincuencialmente, a las nobles instituciones del estado.
- Muchas gracias por la entrevista, Sr. alcalde.
- Eubolia, apaga el televisor.
- Seré bruta, pero no entendí ni papa... ¿Usted sí?
- ¡Por supuesto! Comunícame, rápido, con las oficinas municipales.
- En seguida, Monseñor.
- Notablemente mejor, Eubolia. Esta mañana he hallado la reconciliación, en Nuestro Señor, que tanto anhelaba. El sacrificio rinde sus frutos, y con luces siempre nuevas...
- ¿Le sirvo su chocolatito?
- Desde luego. También enciende el televisor, es hora del noticiero.
- Sr. Alcalde, ¿qué opina del fallecimiento de Doña Lucrecia Zaldívar Batlló y Miramón?
- Estamos muy preocupados por la ola de inseguridad que llama a nuestras puertas.
- ¿Qué planes hay para volver a la normalidad?
- Mire Sr. periodista. Nos hallamos estudiando una estrategia integral que, en esta coyuntura, nos permita la recuperación del espacio público, para todas y todos. Los distintos órdenes de gobierno deberán coordinarse y coadyuvar, aportando su granito de arena para cumplir las tareas pendientes. En este momento histórico, debemos lograr los acuerdos y consensos cuyo compromiso transite a la eficiente gestión de una administración responsable.
- ¿A qué se deben estos problemas nuevos?
- Son muchas las tareas pendientes. No todos han entendido que juntos podemos, con una amplia participación, mediante la sinergia emanada de los programas y proyectos en curso, situarnos en el camino correcto. Hay que hacer la tarea. Debemos emprender las reformas estructurales cuya estrategia integral supone la democratización y atención ciudadana que se requiere en esta hora de retos institucionales.
- ¿Con qué fines?
- Debemos tener claro que crisis también significa oportunidad. La ciudadanización del espacio público, con la participación colectiva, y sin caer en populismos trasnochados, nos podrá llevar a la creación de inmensas oportunidades para modernizar y darle sentido a los desafíos que representan una inversión de futuro.
- ¿Vamos bien, entonces?
- Sin duda. Estamos coadyuvando en el camino correcto. Juntos, podemos.
- ¿Alguna línea de acción que no pueda esperar?
- Desde luego. He ordenado la adquisición inmediata de dos mil fusiles automáticos, ochocientos chalecos antibala y un número similar de cascos para dotar a nuestras fuerzas del orden local. También he autorizado la compra de cincuenta vehículos blindados para uso exclusivo del personal municipal y de su familia directa. Comprenderá, Sr. periodista, que no podemos quedar en manos de quienes se oponen, delincuencialmente, a las nobles instituciones del estado.
- Muchas gracias por la entrevista, Sr. alcalde.
- Eubolia, apaga el televisor.
- Seré bruta, pero no entendí ni papa... ¿Usted sí?
- ¡Por supuesto! Comunícame, rápido, con las oficinas municipales.
- En seguida, Monseñor.
domingo, 12 de junio de 2011
(28) Nuevo sacrificio
- Monseñor... ¿Pasó algo malo? Trae usted una expresión de congoja...
- Sí, Eubolia. Acaba de morir Doña Lucrecia, prácticamente en mis manos.
- ¡Bendito! ¿Cómo fue?
- Fui al hospital a darle los Santos Óleos. El Viático no fue posible, estaba inconsciente y llena de tubos. Cuando estaba terminando de ungirla... Uh... Uhh...
- Monseñor ¿se siente bien?
- Sí, Eubolia... Sólo es que me emociono frente a la solemnidad de la muerte.
- No es para menos... Habiendo sido tan amiga de su hermana...
- Así es... Y los médicos no pudieron hacer nada. Fue la voluntad del Señor, quien decidió todo. Felizmente estuve allí, para darle la última asistencia espiritual. Confortarla en esos momentos de dura transición hacia la vida eterna... Ojalá, Dios haya perdonado todas sus faltas. Incluso la escabrosa concupiscencia en que -según las investigaciones periodísticas- habría caído... Pero nuestro Señor es magnánimo, infinitamente sabio y misericordioso y sabrá comprender a una pecadora.
- Sin duda, Monseñor.
- Prepárame la cena, ahora. Debo reponer energías. Y llama a Rubén y Adrián, que necesito hablarles con urgencia.
- Claro, Monseñor, voy de volada.
- Muchachos... Antes de que se vayan debo decirles que hoy he vivido un momento en extremo difícil. Dios, me ha sometido a una prueba muy dura. Siento que debo reparar mi pobre espíritu, débil y pecador. Así que mañana tendremos una nueva sesión de sacrificio. Deberán venir debidamente preparados, como en anteriores ocasiones. Pede poena claudo.
- ¡Otra vez, Monseñor! ¿No le parece que ésto ha ido algo lejos?
- ¡¿Cómo te atreves a contradecirme?! Ego, Episcope Villaflorensis, habeo ius puniendi. Qui bene amat, bene castigat.
- Es que, yo... Creo...
- ¡Tu no crees nada! ¡Aquí el que decide soy yo! ¿Te queda claro? Eius nulla culpa est cui parere necesse sit.
- Sí, Monseñor...
- Ahora retírense... Debo descansar y prepararme espiritualmente para la punición.
- Hasta mañana, Monseñor.
- Sí, Eubolia. Acaba de morir Doña Lucrecia, prácticamente en mis manos.
- ¡Bendito! ¿Cómo fue?
- Fui al hospital a darle los Santos Óleos. El Viático no fue posible, estaba inconsciente y llena de tubos. Cuando estaba terminando de ungirla... Uh... Uhh...
- Monseñor ¿se siente bien?
- Sí, Eubolia... Sólo es que me emociono frente a la solemnidad de la muerte.
- No es para menos... Habiendo sido tan amiga de su hermana...
- Así es... Y los médicos no pudieron hacer nada. Fue la voluntad del Señor, quien decidió todo. Felizmente estuve allí, para darle la última asistencia espiritual. Confortarla en esos momentos de dura transición hacia la vida eterna... Ojalá, Dios haya perdonado todas sus faltas. Incluso la escabrosa concupiscencia en que -según las investigaciones periodísticas- habría caído... Pero nuestro Señor es magnánimo, infinitamente sabio y misericordioso y sabrá comprender a una pecadora.
- Sin duda, Monseñor.
- Prepárame la cena, ahora. Debo reponer energías. Y llama a Rubén y Adrián, que necesito hablarles con urgencia.
- Claro, Monseñor, voy de volada.
- Muchachos... Antes de que se vayan debo decirles que hoy he vivido un momento en extremo difícil. Dios, me ha sometido a una prueba muy dura. Siento que debo reparar mi pobre espíritu, débil y pecador. Así que mañana tendremos una nueva sesión de sacrificio. Deberán venir debidamente preparados, como en anteriores ocasiones. Pede poena claudo.
- ¡Otra vez, Monseñor! ¿No le parece que ésto ha ido algo lejos?
- ¡¿Cómo te atreves a contradecirme?! Ego, Episcope Villaflorensis, habeo ius puniendi. Qui bene amat, bene castigat.
- Es que, yo... Creo...
- ¡Tu no crees nada! ¡Aquí el que decide soy yo! ¿Te queda claro? Eius nulla culpa est cui parere necesse sit.
- Sí, Monseñor...
- Ahora retírense... Debo descansar y prepararme espiritualmente para la punición.
- Hasta mañana, Monseñor.
sábado, 11 de junio de 2011
(27) De animalibus
- Oiga, Pía... ¿Ujté no ha vijto a la Ernejtina?
- ¿A quién?
- La Ernejtina, mi iguana. Hace dos días la dejé en el patio, p'a que tomara el sol, y no la he vuelto a ver.
- ¡Santo Óxil! ¿Esa sabandija anda suelta en la casa?
- 'Tará comiendo, pué... Ujté no s'inquiete, que d'ejta casa no sale...
- Mientras no entre a mi recámara... ¿Ya se fijó en el cuarto de los trastos viejos? Ahí al fondo...
- Voy a ver...
- ¡Píaaaaaaaaaa!
- ¿Qué pasa, Adela? Me asusta con sus gritos...
- Tenía razón... Mírela, ahí está, bien dormidota, la canija.
- ¡Qué horror!
- ¿Oiga, y debajo d'esas sábanas qué hay?
- Imágenes religiosas en total desuso. Recuerde que ya me pasé al bando contrario.
- A ver... ¡Ejto es lo que necesitamos!
- ¿Esta estatua de la virgen? ¿Como para qué?
- Recuerda nuejtro plan ¿no?
- Sí, claro. ¿Y?
- La "aparición" en la pared se va a llevar varios días, pué... Se me ocurrió que -a la vez que pintamos la pared con gelatina- si ponemos una estatua que llore sangre... ¡P'a su mecha! ¡Doj milagroj en uno!
- ¿Usted cree, Adela?
- Ujté déjeme, que ya tengo todo el plan bien concebido.
- ¿Y la sangre, de dónde la sacamos?
- P'a eso ejtá el armadillo que traje p'a loj tamales...
- ¡Cómo cree! Pobre animal. ¿No hay otra solución?
- Fácil, compramoj un betabel en el mercado... Viera qué rojo tan bonito tiene.
- Eso me parece mejor. Oiga, y hablando del armadillo, ¿dónde lo puso?
- Ése bicho está en la caja... Lo sigo purgando...
- ¿Cómo?
- Si... no le doy nada de comer p'a que se limpie por dentro... En dos días lo cocino...
- ¿Cómo se llama?
- Jajajajaja... ¡No tiene nombre, pué...! Al animal que se come, no se lo mira a loj ojo, ni se le pone nombre... ¿A poco no sabía?
- ¡Godofredo!
- ¿Qué dice?
- ¡Se llamará Godofredo!
- Noooooooooo. No m'hiaga esoooo, pué... Ahora ya no lo voy a poder comer...
- A ver Adela, abra la caja... ¡Mírelo! Está hecho un ovillo, pobre...
- Ej un animal del demontre...
- Por eso... Me da ternura... Hay que darle agua y alimento.
- Noj perdimoj unoj ricoj tamalej, pué...
- Oiga ¿Y qué comerá?
- Sepa...
- ¿A quién?
- La Ernejtina, mi iguana. Hace dos días la dejé en el patio, p'a que tomara el sol, y no la he vuelto a ver.
- ¡Santo Óxil! ¿Esa sabandija anda suelta en la casa?
- 'Tará comiendo, pué... Ujté no s'inquiete, que d'ejta casa no sale...
- Mientras no entre a mi recámara... ¿Ya se fijó en el cuarto de los trastos viejos? Ahí al fondo...
- Voy a ver...
- ¡Píaaaaaaaaaa!
- ¿Qué pasa, Adela? Me asusta con sus gritos...
- Tenía razón... Mírela, ahí está, bien dormidota, la canija.
- ¡Qué horror!
- ¿Oiga, y debajo d'esas sábanas qué hay?
- Imágenes religiosas en total desuso. Recuerde que ya me pasé al bando contrario.
- A ver... ¡Ejto es lo que necesitamos!
- ¿Esta estatua de la virgen? ¿Como para qué?
- Recuerda nuejtro plan ¿no?
- Sí, claro. ¿Y?
- La "aparición" en la pared se va a llevar varios días, pué... Se me ocurrió que -a la vez que pintamos la pared con gelatina- si ponemos una estatua que llore sangre... ¡P'a su mecha! ¡Doj milagroj en uno!
- ¿Usted cree, Adela?
- Ujté déjeme, que ya tengo todo el plan bien concebido.
- ¿Y la sangre, de dónde la sacamos?
- P'a eso ejtá el armadillo que traje p'a loj tamales...
- ¡Cómo cree! Pobre animal. ¿No hay otra solución?
- Fácil, compramoj un betabel en el mercado... Viera qué rojo tan bonito tiene.
- Eso me parece mejor. Oiga, y hablando del armadillo, ¿dónde lo puso?
- Ése bicho está en la caja... Lo sigo purgando...
- ¿Cómo?
- Si... no le doy nada de comer p'a que se limpie por dentro... En dos días lo cocino...
- ¿Cómo se llama?
- Jajajajaja... ¡No tiene nombre, pué...! Al animal que se come, no se lo mira a loj ojo, ni se le pone nombre... ¿A poco no sabía?
- ¡Godofredo!
- ¿Qué dice?
- ¡Se llamará Godofredo!
- Noooooooooo. No m'hiaga esoooo, pué... Ahora ya no lo voy a poder comer...
- A ver Adela, abra la caja... ¡Mírelo! Está hecho un ovillo, pobre...
- Ej un animal del demontre...
- Por eso... Me da ternura... Hay que darle agua y alimento.
- Noj perdimoj unoj ricoj tamalej, pué...
- Oiga ¿Y qué comerá?
- Sepa...
viernes, 10 de junio de 2011
(26) En el hospital
- Pip...pip...pip...pip...pip...pip...pip...pip...pip...
- Enfermera...
- Diga, doctor.
- ¿Cómo va la paciente?
- Igual... Sigue entre la vida y la muerte...
- ¿Dijo algo?
- Sí, doctor: "Las acciones del gordo, son mias...".
- ¿El gordo? ¿Sería su amante? Ya ves lo que dice el periódico...
- Quién sabe...
De pronto, Doña Lucrecia entra en una especie de embudo oscuro, y al fondo: La Luz. Siente que de las sombras surgen figuras siniestras. Se imagina que la quieren arrastrar hacia las penumbras. Destaca una... Su "amiga" Catalina la jala de un brazo hacia el abismo profundo. Hace un esfuerzo por recuperarse y sólo acierta a murmurar:
- El obispo... el obispo...
- ¡Pobre mujer, doctor! ¡Se vé que quiere los Santos Óleos!
- Avisemos a Monseñor que lo reclama. ¡Que traiga el Viático!
...
- Pase por aquí.
- ¿Donde está la moribunda a quién daré la santa Unción de los Enfermos...?
- En esa cama, Monseñor.
- ¡Déjenme solo!
- Por favor no toque nada... Todas las conexiones son vitales para ella.
- Mi asistencia será sólo espiritual y pastoral.
- Gracias, Monseñor.
Minutos después...
- (Me falta el aire... Auxilio... ¡Basta, Catalina. No me jales! No... Nooo... Noooooooo...).
- Pip... pip...pip...pip...pip... Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii...
- Enfermera...
- Diga, doctor.
- ¿Cómo va la paciente?
- Igual... Sigue entre la vida y la muerte...
- ¿Dijo algo?
- Sí, doctor: "Las acciones del gordo, son mias...".
- ¿El gordo? ¿Sería su amante? Ya ves lo que dice el periódico...
- Quién sabe...
De pronto, Doña Lucrecia entra en una especie de embudo oscuro, y al fondo: La Luz. Siente que de las sombras surgen figuras siniestras. Se imagina que la quieren arrastrar hacia las penumbras. Destaca una... Su "amiga" Catalina la jala de un brazo hacia el abismo profundo. Hace un esfuerzo por recuperarse y sólo acierta a murmurar:
- El obispo... el obispo...
- ¡Pobre mujer, doctor! ¡Se vé que quiere los Santos Óleos!
- Avisemos a Monseñor que lo reclama. ¡Que traiga el Viático!
...
- Pase por aquí.
- ¿Donde está la moribunda a quién daré la santa Unción de los Enfermos...?
- En esa cama, Monseñor.
- ¡Déjenme solo!
- Por favor no toque nada... Todas las conexiones son vitales para ella.
- Mi asistencia será sólo espiritual y pastoral.
- Gracias, Monseñor.
Minutos después...
- (Me falta el aire... Auxilio... ¡Basta, Catalina. No me jales! No... Nooo... Noooooooo...).
- Pip... pip...pip...pip...pip... Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii...
jueves, 9 de junio de 2011
Los personajes
El obispo:
Obispo Coadjutor de Villa de las Flores. Aspira a suceder al anciano Obispo Diocesano (titular de la sede) quien se halla temporalmente en Roma cumpliendo tareas eclesiásticas.
Aparece por primera vez en “Una tradición renovada”.
Eubolia:
Ama de llaves, cocinera, asistente doméstica del obispo. Es originaria de Sontecomapan, pero lleva muchos años viviendo en Villa de las Flores. Habla bien, porque no dice todo lo que piensa.
Aparece por primera vez en “Un día en la vida de Eubolia”.
Catalina:
Hermana del obispo, ya fallecida. Fue amiga y socia de Doña Lucrecia.
Aparece por única vez en “Catalina y el Señor”.
Rubén y Adrián:
Seminaristas que asisten a monseñor en tareas generales de oficina (transcribir documentos, arreglar citas, mantener al día el correo electrónico, etc. ). También participan en asuntos más “personales”.
Uno de ellos, aparece por primera vez en “Una tradición renovada”.
Pía:
Originalmente una mujer gris y devota quien, habiendo perdido la fe, se vuelve satánica (según su personal interpretación del término). Poco a poco se hace amiga de Eubolia, con quien comparte algunos secretos. Es prima de la insoportable e impertinente Adela.
Aparece por primera vez en “El altar de Pía”.
Lupita Cassandra:
Sobrina rebelde, fiestera y dark, de Pía. La familia la llama Lupita, pero los amigos Cassandra.
Aparece por primera vez en “Lupita Cassandra consultora”.
Christian:
Estilista de moda en la ciudad. Es compañero de correrías de Cassandra y viejo amigo de Rubén.
Aparece por primera vez en “Pía en la estética”.
Doña Lucrecia:
Dama encumbrada en la sociedad de Villa de las Flores. Dirigente de Moralidad y Buenas Costumbres A.C. Fue amiga y socia de Catalina.
Aparece por primera vez en “Doña Lucrecia”.
Adela:
Obispo Coadjutor de Villa de las Flores. Aspira a suceder al anciano Obispo Diocesano (titular de la sede) quien se halla temporalmente en Roma cumpliendo tareas eclesiásticas.
Aparece por primera vez en “Una tradición renovada”.
Eubolia:
Ama de llaves, cocinera, asistente doméstica del obispo. Es originaria de Sontecomapan, pero lleva muchos años viviendo en Villa de las Flores. Habla bien, porque no dice todo lo que piensa.
Aparece por primera vez en “Un día en la vida de Eubolia”.
Catalina:
Hermana del obispo, ya fallecida. Fue amiga y socia de Doña Lucrecia.
Aparece por única vez en “Catalina y el Señor”.
Rubén y Adrián:
Seminaristas que asisten a monseñor en tareas generales de oficina (transcribir documentos, arreglar citas, mantener al día el correo electrónico, etc. ). También participan en asuntos más “personales”.
Uno de ellos, aparece por primera vez en “Una tradición renovada”.
Pía:
Originalmente una mujer gris y devota quien, habiendo perdido la fe, se vuelve satánica (según su personal interpretación del término). Poco a poco se hace amiga de Eubolia, con quien comparte algunos secretos. Es prima de la insoportable e impertinente Adela.
Aparece por primera vez en “El altar de Pía”.
Lupita Cassandra:
Sobrina rebelde, fiestera y dark, de Pía. La familia la llama Lupita, pero los amigos Cassandra.
Aparece por primera vez en “Lupita Cassandra consultora”.
Christian:
Estilista de moda en la ciudad. Es compañero de correrías de Cassandra y viejo amigo de Rubén.
Aparece por primera vez en “Pía en la estética”.
Doña Lucrecia:
Dama encumbrada en la sociedad de Villa de las Flores. Dirigente de Moralidad y Buenas Costumbres A.C. Fue amiga y socia de Catalina.
Aparece por primera vez en “Doña Lucrecia”.
Adela:
Vive en Sontecomapan, pero llega a la ciudad a visitar a su prima Eubolia (se aloja en casa de Pía). Es una buena persona, pero insoportablemente metiche e imprudente. Habla con acento fuertemente costeño.
Aparece por primera vez (como referencia) en “La prima”.miércoles, 8 de junio de 2011
(25) Confidencias y planes
- Oiga, Pía. ¿Ujté no se enojó conmigo por lo de las hostias? Porque Eubolia está que la lleva el tren.
- No, Adela... Me dió risa.
- ¿Y eso? ¿No qu'es un sacrilegio terrible?
- Le voy a confiar algo, me vale. Me cambié de religión. Me pasé al bando del Óxil.
- ¿Y qué'j eso?
- Lo contrario del lixo. Yo me entiendo. Pero no le cuente a Eubolia porque se pondría más furiosa aún.
- Nooo, p'a nada. No sé ella de qué se ejpanta, allá en mi pueblo hay de todo. Con tanto brujo en la zona...
- Sí, verdá.
- Oiga, ¿y por qué lo hizo?
- Me cansé de rezarle a dios, y los santos, y que no me trajeran un novio.
- ¿Y cuál le gusta?
- Un muchacho que -a veces- me trae el agua purificada. ¿Qué cree? Hace dos días viene y que me dice: "¿Y dónde está la ruca? ¿Usté es su sobrina, mi reina?".
- Ah, caray... La desconoció.
- Sí, y no quise decirle la verdad. Le respondí que mi anciana tía se había ido a vivir a otra parte y que, ahora, yo era la dueña. ¿Cómo ve?
- 'Ta buenísimo, ¿no?
- No. Porque en cuanto se me vaya el tinte, me crezcan los vellos, se me acabe el maquillaje, y la ropa nueva se arruine, no voy a tener p'a mantener "el look", como dice Christian. El poco dinero que me deja la renta de una casita en la otra cuadra, no me alcanza para mantener ésta. Ya ve que es muy grande y vieja, los gastos se me van en composturas. Hay que retechar, las paredes están húmedas, ¡p'a qué le cuento, si usted lo está viendo!
- Me acaba de dar una idea, Pía.
- ¿Cuál?
- Ujté sabe de manualidades, ¿no? Pintar y éso...
- Sí, algo. Especialmente una copia, me sale muy bien.
- ¡Eso es lo que necesitamos!
- ¿Para?
- Allá en mi pueblo, tenía una vecina bien retepobre, viera. Ni p'a comer tenía, la infeliz. Y un día que se le ocurre hacer un santuario en la casa.
- ¿Un santuario?
- Con un poco de gelatina, que alguien le había regalado, y con el dedo, dibujó en la pared una imagen de la virgen.
- ¿Y qué con eso? Apenas habrá quedado marcada.
- Dijo que, al principio, no se veía ni madres. Pero que, días después, se oscureció y tomó unos colores bien raros por la lama, loj hongos, las bactéreas, y todo bicho que se da por allá.
- ¡Ah, caray!
- Cuando aquello quedó precioso, le avisó a las vecinas. Ellas, asombradas, dijieron que era un milagro brotado de la pared, que debía mostrárselo a todos. Así que empezó a cobrar la entrada y ¿qué cree?
- ¿A poco se llenó de lana?
- Algo, no crea que mucha, porque el pueblo no da p'a tanto, pero ya no le faltó de nada.
- ¿Y cuando se terminó el "milagro"...?
- Se fue p'a Guanajuato y repitió el sistema. Dicen que ahora tiene un hotel...
- No, Adela... Me dió risa.
- ¿Y eso? ¿No qu'es un sacrilegio terrible?
- Le voy a confiar algo, me vale. Me cambié de religión. Me pasé al bando del Óxil.
- ¿Y qué'j eso?
- Lo contrario del lixo. Yo me entiendo. Pero no le cuente a Eubolia porque se pondría más furiosa aún.
- Nooo, p'a nada. No sé ella de qué se ejpanta, allá en mi pueblo hay de todo. Con tanto brujo en la zona...
- Sí, verdá.
- Oiga, ¿y por qué lo hizo?
- Me cansé de rezarle a dios, y los santos, y que no me trajeran un novio.
- ¿Y cuál le gusta?
- Un muchacho que -a veces- me trae el agua purificada. ¿Qué cree? Hace dos días viene y que me dice: "¿Y dónde está la ruca? ¿Usté es su sobrina, mi reina?".
- Ah, caray... La desconoció.
- Sí, y no quise decirle la verdad. Le respondí que mi anciana tía se había ido a vivir a otra parte y que, ahora, yo era la dueña. ¿Cómo ve?
- 'Ta buenísimo, ¿no?
- No. Porque en cuanto se me vaya el tinte, me crezcan los vellos, se me acabe el maquillaje, y la ropa nueva se arruine, no voy a tener p'a mantener "el look", como dice Christian. El poco dinero que me deja la renta de una casita en la otra cuadra, no me alcanza para mantener ésta. Ya ve que es muy grande y vieja, los gastos se me van en composturas. Hay que retechar, las paredes están húmedas, ¡p'a qué le cuento, si usted lo está viendo!
- Me acaba de dar una idea, Pía.
- ¿Cuál?
- Ujté sabe de manualidades, ¿no? Pintar y éso...
- Sí, algo. Especialmente una copia, me sale muy bien.
- ¡Eso es lo que necesitamos!
- ¿Para?
- Allá en mi pueblo, tenía una vecina bien retepobre, viera. Ni p'a comer tenía, la infeliz. Y un día que se le ocurre hacer un santuario en la casa.
- ¿Un santuario?
- Con un poco de gelatina, que alguien le había regalado, y con el dedo, dibujó en la pared una imagen de la virgen.
- ¿Y qué con eso? Apenas habrá quedado marcada.
- Dijo que, al principio, no se veía ni madres. Pero que, días después, se oscureció y tomó unos colores bien raros por la lama, loj hongos, las bactéreas, y todo bicho que se da por allá.
- ¡Ah, caray!
- Cuando aquello quedó precioso, le avisó a las vecinas. Ellas, asombradas, dijieron que era un milagro brotado de la pared, que debía mostrárselo a todos. Así que empezó a cobrar la entrada y ¿qué cree?
- ¿A poco se llenó de lana?
- Algo, no crea que mucha, porque el pueblo no da p'a tanto, pero ya no le faltó de nada.
- ¿Y cuando se terminó el "milagro"...?
- Se fue p'a Guanajuato y repitió el sistema. Dicen que ahora tiene un hotel...
martes, 7 de junio de 2011
(24) La estética: centro de información
- ¡Cassandra divis! ¡Qué bueno que viniste, mi amorsh! Tienes que seguir con el tratamiento de crema para que te crezca rápido ese cabello y recuperar las rastas... Así, pareces bola de billarsh.
- ¿Qué hubo, Christian?
- Aquí, mi amorsh... Preocupado por todas las cosas que están pasando.
- No mames, güey...
- ¡En serio! ¿No te enteraste del atentado a Doña Lucrecia?
- ¿Una ruca muy de la iglesia, y la chingada, no?
- Era mi clienta. Vieras qué elegante y distinguida. Bastante prepotente, eso sí. Pero la clase se le veía de lejos.
- ¿Y qué pedo con ella, o qué?
- La asaltaron a la salida de una casa de cambio.
- Utaaaaa.
- Lo que oyes. Y, ni te digo, lo que sacaron en el periódico. Según parece, tenía un chichifo.
- Órale...
- Dizque, como no le dió la lana que le había prometido, la mandó matar.
- P'a su madre... 'Ta grueso, güey.
- Pero, aquí entre nos (y no se lo digas a nadie, porfa) parece que la cosa va por otro lado.
- ¿Como qué?
- Unas clientas me contaron que ella, días antes, les dijo que alguien le debía unas acciones.
- Ah, chingá...
- Así que, si no se las querían pagar...
- ¡Que se la chingan, güey!
- Claro...
- ¿Y la historia del chichifo?
- Quién sabe, mi amorsh... Ya ves qué fácil es distraer al público con pendejadas.
- Eso que ni qué, güey.
- Oye. ¿Y tu tía Pía? ¿Qué onda con ella? La dejé hecha una muñeca.
- Bien, güey. Pero en lugar de ponerse a buscar un chavo, como quería, anda cargando a una prima de su amiga.
- ¿Y eso?
- Como la Eubolia no la podía alojar en la curia, la encargó con mi tía. Pero parece que la ruca es un megadesastre, güey.
- No digas...
- Armó un lío tremendo con unos dulces de coco. Que, entre paréntesis, estaban de poca madre.
- No digas...
- Pero, cuando le pregunté a mi tía qué pasó, en lugar de responder enojada, le dió un ataque de risa.
- ¿A poco?
- ¿Raro no, güey?
- ¿Qué hubo, Christian?
- Aquí, mi amorsh... Preocupado por todas las cosas que están pasando.
- No mames, güey...
- ¡En serio! ¿No te enteraste del atentado a Doña Lucrecia?
- ¿Una ruca muy de la iglesia, y la chingada, no?
- Era mi clienta. Vieras qué elegante y distinguida. Bastante prepotente, eso sí. Pero la clase se le veía de lejos.
- ¿Y qué pedo con ella, o qué?
- La asaltaron a la salida de una casa de cambio.
- Utaaaaa.
- Lo que oyes. Y, ni te digo, lo que sacaron en el periódico. Según parece, tenía un chichifo.
- Órale...
- Dizque, como no le dió la lana que le había prometido, la mandó matar.
- P'a su madre... 'Ta grueso, güey.
- Pero, aquí entre nos (y no se lo digas a nadie, porfa) parece que la cosa va por otro lado.
- ¿Como qué?
- Unas clientas me contaron que ella, días antes, les dijo que alguien le debía unas acciones.
- Ah, chingá...
- Así que, si no se las querían pagar...
- ¡Que se la chingan, güey!
- Claro...
- ¿Y la historia del chichifo?
- Quién sabe, mi amorsh... Ya ves qué fácil es distraer al público con pendejadas.
- Eso que ni qué, güey.
- Oye. ¿Y tu tía Pía? ¿Qué onda con ella? La dejé hecha una muñeca.
- Bien, güey. Pero en lugar de ponerse a buscar un chavo, como quería, anda cargando a una prima de su amiga.
- ¿Y eso?
- Como la Eubolia no la podía alojar en la curia, la encargó con mi tía. Pero parece que la ruca es un megadesastre, güey.
- No digas...
- Armó un lío tremendo con unos dulces de coco. Que, entre paréntesis, estaban de poca madre.
- No digas...
- Pero, cuando le pregunté a mi tía qué pasó, en lugar de responder enojada, le dió un ataque de risa.
- ¿A poco?
- ¿Raro no, güey?
lunes, 6 de junio de 2011
(23) Un reportero en la curia
- Vengo a entrevistar al señor obispo.
- Soy su asistente, le advierto que está ocupado.
- Es urgente. Se trata del atentado a Doña Lucrecia Zaldívar Batlló y Miramón.
- Permítame que le consulte.
- Señor periodista, puede pasar. Monseñor lo espera en su oficina. La conversación deberá ser breve. Son muchas las tareas pastorales que le aguardan.
- Gracias.
- Monseñor, ¿qué opina del ataque recibido por Doña lucrecia? Tengo entendido que ella fue muy amiga de su hermana (q.e.p.d.) y que lo había visitado recientemente.
- Se trata de una distinguida dama de nuestra sociedad y una mujer de Fe. Estamos muy alarmados y preocupados por su estado de salud.
- ¿Cree Usted que se debió a un asalto común o fue un atentado?
- Cómo saberlo... La inseguridad que nos asuela es inaudita.
- ¿Cuál podría ser el móvil?
- Puedo decirle, claramente, cuál NO fue. Rechazo enérgicamente, y condeno, las versiones que han circulado en nuestro medio.
- ¿Qué versiones? Las desconozco.
- Esos infundios, esas calumnias que se ceban en el buen nombre, e intachable reputación de la señora.
- ¿Podría ser más explícito?
- Personas de mala entraña, difamadores profesionales, gente sin corazón ni respeto, han hecho correr la especie que se trata de un caso de venganza pasional.
- ¿Ah, sí?
- ¡Mentira! ¿Cómo va usted a creer que una persona tan respetable como ella, dirigente de la Sociedad para la Moralidad y las Buenas Costumbres A.C., pudiera tener un amante joven al que no satisfizo en sus pretensiones monetarias? ¿Verdad que no?
- Claro...
- Es lo que digo. Tiene que haber otra razón. Algo menos sórdido...
- Le agradezco sus declaraciones, Monseñor.
- De nada, amable periodista. Y sepa usted, que he orado fervorosamente por la pronta recuperación de Doña Lucrecia. Que Dios lo bendiga, tanto a usted, como al medio que representa.
- Gracias, Monseñor.
- Soy su asistente, le advierto que está ocupado.
- Es urgente. Se trata del atentado a Doña Lucrecia Zaldívar Batlló y Miramón.
- Permítame que le consulte.
- Señor periodista, puede pasar. Monseñor lo espera en su oficina. La conversación deberá ser breve. Son muchas las tareas pastorales que le aguardan.
- Gracias.
- Monseñor, ¿qué opina del ataque recibido por Doña lucrecia? Tengo entendido que ella fue muy amiga de su hermana (q.e.p.d.) y que lo había visitado recientemente.
- Se trata de una distinguida dama de nuestra sociedad y una mujer de Fe. Estamos muy alarmados y preocupados por su estado de salud.
- ¿Cree Usted que se debió a un asalto común o fue un atentado?
- Cómo saberlo... La inseguridad que nos asuela es inaudita.
- ¿Cuál podría ser el móvil?
- Puedo decirle, claramente, cuál NO fue. Rechazo enérgicamente, y condeno, las versiones que han circulado en nuestro medio.
- ¿Qué versiones? Las desconozco.
- Esos infundios, esas calumnias que se ceban en el buen nombre, e intachable reputación de la señora.
- ¿Podría ser más explícito?
- Personas de mala entraña, difamadores profesionales, gente sin corazón ni respeto, han hecho correr la especie que se trata de un caso de venganza pasional.
- ¿Ah, sí?
- ¡Mentira! ¿Cómo va usted a creer que una persona tan respetable como ella, dirigente de la Sociedad para la Moralidad y las Buenas Costumbres A.C., pudiera tener un amante joven al que no satisfizo en sus pretensiones monetarias? ¿Verdad que no?
- Claro...
- Es lo que digo. Tiene que haber otra razón. Algo menos sórdido...
- Le agradezco sus declaraciones, Monseñor.
- De nada, amable periodista. Y sepa usted, que he orado fervorosamente por la pronta recuperación de Doña Lucrecia. Que Dios lo bendiga, tanto a usted, como al medio que representa.
- Gracias, Monseñor.
domingo, 5 de junio de 2011
(22) Las cocadas
- Hola Pía. ¿Está mi prima?
- Pasa, Eubolia. Adela está en la cocina terminando unos dulces de coco. Yo voy de salida.
- Qué bien que esté ocupada. Y qué rico... Le salen buenísimos.
- ¡Euboliaaaa! Mira que delicia preparé.
- ¡¡¿Quéééééé?!!
- Cocadas, pué...
- ¡De dónde sacaste ésto!
- Loj coco... Loj traje del pueblo...
- ¡Eso ya lo sé! ¡Las cubiertas, digo!
- ¿Las galletas? Son p'a que no se pegostreen...
- ¡Jesús me ampare! ¡¿De dónde las sacaste?!
- El otro día... Cuando t'ejtuve ejperando...
- ¿No me dijiste que te habías quedado sentadita?
- Ya no aguantaba laj nagaj Eubolia. Así que salí a dar una vuelta. Encontré una como iglesia.
- La capilla reservada de Monseñor.
- Si. Na' máj abrí la cajita de metal ésa. Una bonita, con la llavecita como de oro...
- ¡¿El Sagrario?!
- No sé cómo se llame, pué... Esa, que dentro tiene un copón.
- ¡El cáliz!
- Y saqué unaj galletas. Ejtaban tan bonitaj y blancas, que me dije: "Me voy a llevar unaj cuantaj p'hacer mis delicias de coco".
- ¡¿Quééééé?!
- Vieras que así no se pegan y quedan bien formaditas.
- ¡¡¡Pero, eran las Hostias Consagradas que Monseñor destina al Viático!!!
- Eso sí no sé. Como no se les nota nada...
- ¡A mí, me da un ataque!
- Yaaaa, los dulces quedaron retesabrosos, ¿a poco no?
- Pasa, Eubolia. Adela está en la cocina terminando unos dulces de coco. Yo voy de salida.
- Qué bien que esté ocupada. Y qué rico... Le salen buenísimos.
- ¡Euboliaaaa! Mira que delicia preparé.
- ¡¡¿Quéééééé?!!
- Cocadas, pué...
- ¡De dónde sacaste ésto!
- Loj coco... Loj traje del pueblo...
- ¡Eso ya lo sé! ¡Las cubiertas, digo!
- ¿Las galletas? Son p'a que no se pegostreen...
- ¡Jesús me ampare! ¡¿De dónde las sacaste?!
- El otro día... Cuando t'ejtuve ejperando...
- ¿No me dijiste que te habías quedado sentadita?
- Ya no aguantaba laj nagaj Eubolia. Así que salí a dar una vuelta. Encontré una como iglesia.
- La capilla reservada de Monseñor.
- Si. Na' máj abrí la cajita de metal ésa. Una bonita, con la llavecita como de oro...
- ¡¿El Sagrario?!
- No sé cómo se llame, pué... Esa, que dentro tiene un copón.
- ¡El cáliz!
- Y saqué unaj galletas. Ejtaban tan bonitaj y blancas, que me dije: "Me voy a llevar unaj cuantaj p'hacer mis delicias de coco".
- ¡¿Quééééé?!
- Vieras que así no se pegan y quedan bien formaditas.
- ¡¡¡Pero, eran las Hostias Consagradas que Monseñor destina al Viático!!!
- Eso sí no sé. Como no se les nota nada...
- ¡A mí, me da un ataque!
- Yaaaa, los dulces quedaron retesabrosos, ¿a poco no?
sábado, 4 de junio de 2011
(21) Adela en la curia
- Qué se le ofrece, señora?
- ¿Ejtá mi prima Eubolia?
- Salió a unos encargos. ¿Desea esperarla?
- ¿Ujté ej el cura de aquí?
- Jajaja. No, sólo soy uno de los asistentes de Monseñor. Mi nombre es Adrián.
- Mucho gujto, soy Adela.
- Encantado.
- Oiga ¿Y ujté tiene novia?
- ¡Cómo cree! Soy seminarista.
- P'os debería bujcarse una monjita p'a que le haga compañía...
- Mejor, pase a la cocina, ahí puede esperar a su prima.
- Qué bueno, porque tengo que dejar un regalo que traje p'a monseñor.
- ¿Eso que huele tan raro?
- Ha de ser, pué...
- Acomódese ahí en lo que llega Eubolia. Yo voy a seguir con mis ocupaciones. Tengo que enviar un e-mail con urgencia.
- Por mi no se preocupe güerito, aquí me quedo bien tranquila.
Rato más tarde...
- Adela... ¿Qué haces aquí?
- Vine a verte y me abrió la puerta el curita.
- Será uno de los seminaristas. ¿Te dijo que era Adrián?
- Ése mero... Dijo que no sé qué del imel.
- Sí, todo el día se la pasa con el bendito imel.
- Ha de ser. Si es religioso...
- Oye, mientras estuviste sola... ¿No habrás estado hurgando en la curia, verdad?
- Noooooo, prima. Aquí m'estuve sentadita, mirando los tegogolos.
- ¿Ejtá mi prima Eubolia?
- Salió a unos encargos. ¿Desea esperarla?
- ¿Ujté ej el cura de aquí?
- Jajaja. No, sólo soy uno de los asistentes de Monseñor. Mi nombre es Adrián.
- Mucho gujto, soy Adela.
- Encantado.
- Oiga ¿Y ujté tiene novia?
- ¡Cómo cree! Soy seminarista.
- P'os debería bujcarse una monjita p'a que le haga compañía...
- Mejor, pase a la cocina, ahí puede esperar a su prima.
- Qué bueno, porque tengo que dejar un regalo que traje p'a monseñor.
- ¿Eso que huele tan raro?
- Ha de ser, pué...
- Acomódese ahí en lo que llega Eubolia. Yo voy a seguir con mis ocupaciones. Tengo que enviar un e-mail con urgencia.
- Por mi no se preocupe güerito, aquí me quedo bien tranquila.
Rato más tarde...
- Adela... ¿Qué haces aquí?
- Vine a verte y me abrió la puerta el curita.
- Será uno de los seminaristas. ¿Te dijo que era Adrián?
- Ése mero... Dijo que no sé qué del imel.
- Sí, todo el día se la pasa con el bendito imel.
- Ha de ser. Si es religioso...
- Oye, mientras estuviste sola... ¿No habrás estado hurgando en la curia, verdad?
- Noooooo, prima. Aquí m'estuve sentadita, mirando los tegogolos.
viernes, 3 de junio de 2011
(20) Noticias alarmantes
- ¡Adrián!
- Mande, Monseñor.
- ¿Ya enviaste el e-mail a Roma, recordándole a Monsignore Lamprea que el Obispo Diocesano ya superó -con creces- la edad canónica para ser titular?
- Es la quinta carta que despacho.
- Esos burócratas vaticanos... No tienen respeto por mi trabajo pastoral. Parece que me quieren de coadjutor in aeternum.
- Por cierto, Monseñor. ¿Doña Lucrecia no es la persona que vino el otro día a confesarse? ¿La que lo estuvo llamando repetidas veces y Usted se negó a responderle?
- Sí, Adrián. ¿Por qué?
- Fíjese lo que dice el periódico de hoy.
- A ver, hijo...
_____________________________________________________________
Villa de las Flores, Ver. 3 de Junio de 2011. De nuestra redacción
Otra muestra de inseguridad
En un brutal atentado a la seguridad pública, fue atacada por una banda de sicarios la conocida y devota señora Doña Lucrecia Zaldívar Batlló y Miramón, dirigente de la Sociedad para la Moralidad y las Buenas Costumbres A.C. El ilícito cometióse a la salida de una renombrada casa de cambio de nuestra ciudad, donde se le acercaron unos presuntos individuos que, luego de asaltarla, le dispararon con armas de alto poder. Se cree que la visita a la negociación se debió a que, la dama en cuestión, debía viajar al extranjero para recibir una condecoración por sus tareas filantrópicas. Al cierre de la edición, aún no se tiene un reporte oficial sobre su estado de salud, ni sobre la identidad de los agresores. Numerosas organizaciones civiles, de corte religioso, han expresado su condena a esta nueva muestra de la inseguridad que impera en nuestro medio, y exigen a las autoridades que se esclarezca de inmediato el delito. Seguiremos informando.
_____________________________________________________________
- Monseñor, ¿qué terrible, no?
- El sacrificio de sus frutos lo veremos en el fervoroso sufrimiento. Ello nos impone la grave obligación de retornar a la unidad.
- ¿Cómo dijo?
- Nada, nada... Pero insiste.
- Insisto... ¿con qué?
- ¡Con el e-mail a Monsignore Lamprea!
- Mande, Monseñor.
- ¿Ya enviaste el e-mail a Roma, recordándole a Monsignore Lamprea que el Obispo Diocesano ya superó -con creces- la edad canónica para ser titular?
- Es la quinta carta que despacho.
- Esos burócratas vaticanos... No tienen respeto por mi trabajo pastoral. Parece que me quieren de coadjutor in aeternum.
- Por cierto, Monseñor. ¿Doña Lucrecia no es la persona que vino el otro día a confesarse? ¿La que lo estuvo llamando repetidas veces y Usted se negó a responderle?
- Sí, Adrián. ¿Por qué?
- Fíjese lo que dice el periódico de hoy.
- A ver, hijo...
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Villa de las Flores, Ver. 3 de Junio de 2011. De nuestra redacción
Otra muestra de inseguridad
En un brutal atentado a la seguridad pública, fue atacada por una banda de sicarios la conocida y devota señora Doña Lucrecia Zaldívar Batlló y Miramón, dirigente de la Sociedad para la Moralidad y las Buenas Costumbres A.C. El ilícito cometióse a la salida de una renombrada casa de cambio de nuestra ciudad, donde se le acercaron unos presuntos individuos que, luego de asaltarla, le dispararon con armas de alto poder. Se cree que la visita a la negociación se debió a que, la dama en cuestión, debía viajar al extranjero para recibir una condecoración por sus tareas filantrópicas. Al cierre de la edición, aún no se tiene un reporte oficial sobre su estado de salud, ni sobre la identidad de los agresores. Numerosas organizaciones civiles, de corte religioso, han expresado su condena a esta nueva muestra de la inseguridad que impera en nuestro medio, y exigen a las autoridades que se esclarezca de inmediato el delito. Seguiremos informando.
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- Monseñor, ¿qué terrible, no?
- El sacrificio de sus frutos lo veremos en el fervoroso sufrimiento. Ello nos impone la grave obligación de retornar a la unidad.
- ¿Cómo dijo?
- Nada, nada... Pero insiste.
- Insisto... ¿con qué?
- ¡Con el e-mail a Monsignore Lamprea!
jueves, 2 de junio de 2011
(19) Adela en casa de Pía
- Mira, Pía. Ésta es mi prima Adela.
- Mucho gusto.
- Igualmente. ¿Aquí me voy a quedar?
- Sí, m'hija. En la curia no hay sitio para ti.
- Pásele, Adela. Siéntase como en su casa.
- Y ánde pongo mis bultos, pué...
- Mire, ésa es mi habitación... Y junto - en la que perteneció a tía Hilda- allí estará usted.
- ¿Y no será que ejpanten? Porque eso de dormir en camas de muertos...
- ¿Cómo crees, prima? Agradece a Pía que te dará alojamiento...
- 'Ta bueno... ¿Y mis cajas?
- Ahí las acomodamos, Adela, no se preocupe. ¿Son muchas cosas?
- Ya ve... Traje cocos, porque loj que tráin a la ciudá no sirven. También unos tegogolos p'a monseñor.
- ¡Jesús! ¿Y aún estarán buenos?
- Mi ropa... Jabón en polvo...
- ¿Jabón?
- Sí... el de acá no lava.
- ¿Qué más?
- Mi majcota y un regalo.
- ¿Qué mascota?
- La Ernejtina... mi iguana.
- ¡¿Quééé?!
- Viera qué buena es... No deja cucaracha con cabeza.
- ¿Y lo otro?
- Un armadillo.
- ¿De mascota?
- Noooo, ése ej p'hacer unoj tamales bien sabrosos.
- ¡Pobrecito...!
- Mucho gusto.
- Igualmente. ¿Aquí me voy a quedar?
- Sí, m'hija. En la curia no hay sitio para ti.
- Pásele, Adela. Siéntase como en su casa.
- Y ánde pongo mis bultos, pué...
- Mire, ésa es mi habitación... Y junto - en la que perteneció a tía Hilda- allí estará usted.
- ¿Y no será que ejpanten? Porque eso de dormir en camas de muertos...
- ¿Cómo crees, prima? Agradece a Pía que te dará alojamiento...
- 'Ta bueno... ¿Y mis cajas?
- Ahí las acomodamos, Adela, no se preocupe. ¿Son muchas cosas?
- Ya ve... Traje cocos, porque loj que tráin a la ciudá no sirven. También unos tegogolos p'a monseñor.
- ¡Jesús! ¿Y aún estarán buenos?
- Mi ropa... Jabón en polvo...
- ¿Jabón?
- Sí... el de acá no lava.
- ¿Qué más?
- Mi majcota y un regalo.
- ¿Qué mascota?
- La Ernejtina... mi iguana.
- ¡¿Quééé?!
- Viera qué buena es... No deja cucaracha con cabeza.
- ¿Y lo otro?
- Un armadillo.
- ¿De mascota?
- Noooo, ése ej p'hacer unoj tamales bien sabrosos.
- ¡Pobrecito...!
miércoles, 1 de junio de 2011
(18) La llegada de Adela
- ¡¡¡Prima Euboliaaaaaa!!! ¡¡¡Prima Euboliaaaaaaaaaa!!!
Los pasajeros de la terminal de autobuses se alarman al oír los gritos estentóreos, que atraviesan la sala de espera, proferidos por una señora a la que pareciera estuvieran asaltando.
- ¡Adela, por Dios! No grites, m'hija.
- ¡Ven a saludarme! Y rejcátame dejte cabrón de la carretilla que ya se quiere llevar mis cosas... ¡Baje mi equipaje, coño!
- Pero, prima... ¿Qué tanto trajiste? ¡Nosotras, no vamos a poder con todas estas cajas!
- 'Ta bien... Pero no le quites un ojo d'encima ¿eh? Que aquí en la ciudá hay mucho ratero...
- Oiga señora, yo soy decente...
- Ajá... Eso dicen todos... Mira... Mira... Ahí va el chofer del camión... ¡¡¡Operador!!! ¡Muy mal viaje, eh!
- Ya cállate, Adela.
- No, deja que le digo... ¡Desde Alvarado apagó ujté el aire acondicionado y llegué toda sudada del calor que hacía! Vaya a saber cómo llegó mi majcota... La próxima le rompo un vidrio p'a que entre el aire ¿Me oyó?
- Basta, Adela. Vámonos, por dios... ¿Dijiste mascota? ¿De qué hablas?
- Luego te cuento, prima. Vamos de una vez, que con tanta gente me pongo nerviosa. ¡¿Dónde ejtá el taxi, chingao?!
- Baja, la voz... Y no digas groserías que aquí no se acostumbran.
- ¿Cómo chingao que no? Aquí, en Villa de las Flores, se hacen los ejtirados y que muy cultos, pero tienen el culo p'atrás, como todos. ¡¡¡Taxiiiii!!!
- Espérate, éste llega. Hay que formarse en la fila de salida y sacar un boleto.
- ¡Qué boleto ni que madres! Vamoj a subirnoj a ejte... Ya estoy muy cansada.
- ¡Válgame!
Los pasajeros de la terminal de autobuses se alarman al oír los gritos estentóreos, que atraviesan la sala de espera, proferidos por una señora a la que pareciera estuvieran asaltando.
- ¡Adela, por Dios! No grites, m'hija.
- ¡Ven a saludarme! Y rejcátame dejte cabrón de la carretilla que ya se quiere llevar mis cosas... ¡Baje mi equipaje, coño!
- Pero, prima... ¿Qué tanto trajiste? ¡Nosotras, no vamos a poder con todas estas cajas!
- 'Ta bien... Pero no le quites un ojo d'encima ¿eh? Que aquí en la ciudá hay mucho ratero...
- Oiga señora, yo soy decente...
- Ajá... Eso dicen todos... Mira... Mira... Ahí va el chofer del camión... ¡¡¡Operador!!! ¡Muy mal viaje, eh!
- Ya cállate, Adela.
- No, deja que le digo... ¡Desde Alvarado apagó ujté el aire acondicionado y llegué toda sudada del calor que hacía! Vaya a saber cómo llegó mi majcota... La próxima le rompo un vidrio p'a que entre el aire ¿Me oyó?
- Basta, Adela. Vámonos, por dios... ¿Dijiste mascota? ¿De qué hablas?
- Luego te cuento, prima. Vamos de una vez, que con tanta gente me pongo nerviosa. ¡¿Dónde ejtá el taxi, chingao?!
- Baja, la voz... Y no digas groserías que aquí no se acostumbran.
- ¿Cómo chingao que no? Aquí, en Villa de las Flores, se hacen los ejtirados y que muy cultos, pero tienen el culo p'atrás, como todos. ¡¡¡Taxiiiii!!!
- Espérate, éste llega. Hay que formarse en la fila de salida y sacar un boleto.
- ¡Qué boleto ni que madres! Vamoj a subirnoj a ejte... Ya estoy muy cansada.
- ¡Válgame!
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