- Ay, Pía. ¡Ay, Pía...!
- ¿Qué tienes Eubolia? Te noto muy alterada.
- Figúrate que viene mi prima Adela.
- ¿Y eso qué?
- No, no te imaginas... Es una metiche tremenda.
- ¿Cómo?
- No sé si te conté que soy originaria de Sontecomapan.
- ¿A poco? Con razón tu acento no se me hacía de aquí...
- Tiene tantos años que me vine para la sierra, que no se me nota tanto.
- ¿Y qué pasa con tu prima?
- Me mandó una carta. Dice que viene a visitarme.
- Qué bien. ¿Ver a la familia es agradable, no?
- Pero ella... Pero, ¡justo ella!
- ¿Es mala?
- Nooooo, es un alma de Dios. Pero muy impertinente y... ¿cómo decirlo...?
- ¿Costeña?
- ¡Eso m'hija! ¡Costeña, de las bravas!
- Ay, Señor...
- Tiene la teoría que, ya que a curas y monjas se les dice "padre" y "madre", deberían casarse entre ellos para hacerlo realidad. ¿Te imaginas?
- ¡Híjole!
- No puedo alojarla aquí... Monseñor no la soportaría.
- No, p'os no.
- ¿Qué voy a hacer?
- Si quieres -digo- yo puedo alojarla en casa...
- ¿Harías eso por mí, Pía?
- Seguro... No es peligrosa, ¿no?
- Para nada... Ya te dije, es buenísima. Pero muy... muy... Bueno, ya la conocerás.
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