- ¡Rubencito! Tanto tiempo de no verte.
- ¿Qué onda Christian?
- ¿Qué haces tan temprano en la calle? Y encima vestido de cura... Jajajajaja.
- Ya ves... Desde que soy asistente del obispo tengo muchas obligaciones. Me citó con urgencia. ¿Y tu?
- Voy para la estética, mi amosh. Anoche fui a la fiesta del Charly y no dormí nada...
- ¿Y qué tal se puso?
- La loquiur... Al principio todo iba bien, pero terminó como cena de negros...
- No me digas... Por suerte, la gracia divina me ha apartado de ese universo de sensualidad mundana.
- Bueno, tampoco es para tanto, ¿eh? Pero, sí. Pasamos de la fiesta al aquelarre en cosa de minutos.
- ¿Por qué?
- La Wendy y la Cassandra que se ponen bien pachecas, güey.
- Para variar...
- Y como el Charly había invitado a unos chichifos nuevos, éstas que se los agandallan.
- ¡Válgame!
- Empezaron las discusiones... Como dijera Paulina: "¡Ese hombre es míooo, míooo, míooo...!". Ya te imaginarás...
- ¿Y los demás invitados?
- Valió madre... Todos bien pedos... Nadie se metió, güey. A las morras no había quién las parara.
- Uyyyyy.
- Luego de unos jaloneos y catorrazos bien cabrones, se quedaron dormidas. Yo, cuando me desperté, me metí al baño (que estaba hecho un asco). Me aclaré un poco el rostro y aquí me tienes, rumbo al trabajo, ni modo.
- Vaya... Tampoco estuvo tan diferente de otras veces ¿no?
- No, claro... Lo de siempre, ya sabes.
- Bueno, te dejo Christian. Monseñor me espera.
- A ver qué día pasas por la estética. Ese pelo tan relamido no te sienta bien...
- No lo creo necesario. Me interesa, mucho más, el desarrollo del espíritu que la vil y frívola apariencia.
- P'os qué pena... Porque estás bien galán, güey.
- Como dice monseñor: "El sacrificio, como toda obra fecunda, nos lleva a la gozosa emoción de servir. El sufrimiento y las dificultades animan el corazón del hombre".
- Órale. Tu vida se ha vuelto demasiado tranquila, Rubencito.
- Digamos que sí... Bye.
- Ciaooo.
Este blog comenzó con ideas personales, microcuentos, e historias diversas. Al paso del tiempo, unos relatos empezaron a enlazarse con otros y los personajes cobraron vida propia; si bien, me cuesta transcribir su forma de hablar y elegir sus aventuras (tienen muchas más de las que escribo). Tal como va, se está configurando una “blogonovela” (versión electrónica de los populares folletines del siglo XIX). Si a alguien le divierte este blog que lo exprese, y -sinó- que calle para siempre...
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