- Pasen hermanas. Monseñor ya no tarda. Aquí estoy platicando con Pía ¿La recuerdan verdad? Ella ha trabajado mucho para su obra.
- Ciertamente... Buenas tardes... Pero, hace tiempo que nos tiene abandonadas ¿Verdad, hermana?
Ambas religiosas examinan de arriba abajo a Pía, con gesto desaprobatorio.
- Cuando la apariencia exterior predomina sobre los dones del espíritu, se encoge el corazón del hombre... Vanitas non liberavit.
- ¡Ejém! ¿Por qué no se ponen cómodas? Aquí tengo un chocolatito que les vendría bien con este frío.
- No, no es necesario que nos sentemos. Vamos a esperar a monseñor de pié. Un pequeño sacrificio siempre es apreciado por nuestro Esposo.
- ¡Es que somos tan felices!
- ¡Somos dichosas! Regalamos lo poco que somos, esta pequeñez, esta insignificancia a Nuestro Señor. ¡Él, que es Magnífico e Invencible!
- ¡Por algo lo desposamos...! Nuestra boda no fue como la de las pobres mujeres del mundo... Ellas tienen maridos comunes, hijos, obligaciones... Pero nosotras... ¡Qué va! Somos esposas consagradas y sumisas a Su voluntad. Ofrendadas en cuerpo y alma a Su servicio.
- ¡Totalmente entregadas a Él! ¡Por Él! ¡Para Él!, ¡Ante Él!, ¡Con Él! y ¡En Él!
- Bendito sea nuestro Esposo Celestial...
- Él cuida de nosotras. Nos conforta en nuestras aflicciones. Nos llena y nos complace. Nos alienta a seguirlo y adorarlo.
- ¡¿Y cómo no adorarlo?! Él es el único esposo ver-da-de-ro posible.
- Él siempre está presente... No nos abandona... Nos protege... ¡Nos ama con locura!
- ¡Qué gozo enorme produce orar ante su cuerpo herido y sangrante!
- Somos tan dichosas...
- Tanta alegría no cabe en nuestros corazones...
Llega monseñor, e interrumpe el apasionado discurso de las monjas. Las religiosas le besan respetuosamente el anillo y lo siguen prontamente a las oficinas. Deben tratar el escabroso tema del reparto de los donativos ingresados al convento. Las partes saben que el acuerdo suele llegar luego de agrias y tensas discusiones crematísticas. Eubolia y Pía se miran con intriga cuando oyen que las voces se elevan, más de lo prudente, traspasando puertas y corredores de la curia.
- A pesar de lo que dijeron, yo les vi el rostro melancólico, Eubolia.
- Sí, m'hija. Tener un hombre, de a de veras, no es tan malo como ellas dicen.
- ¿Y tu cómo lo sabes?
- Estuve casada, Pía. Sólo que murió joven, y me vine al servicio del obispo.
- ¿En serio? No me lo imaginaba...
- Es que hace poco que platicamos más en confianza, ¿no?
Este blog comenzó con ideas personales, microcuentos, e historias diversas. Al paso del tiempo, unos relatos empezaron a enlazarse con otros y los personajes cobraron vida propia; si bien, me cuesta transcribir su forma de hablar y elegir sus aventuras (tienen muchas más de las que escribo). Tal como va, se está configurando una “blogonovela” (versión electrónica de los populares folletines del siglo XIX). Si a alguien le divierte este blog que lo exprese, y -sinó- que calle para siempre...
jueves, 26 de mayo de 2011
miércoles, 25 de mayo de 2011
(11) Eubolia y las telenovelas
- Dígame... ¿Qué se le ofrece?
- Buenos días, Eubolia.
- ¿Me conoce?
- Soy yo, Pía. ¿A poco estoy tan cambiada?
- ...
- Sí, soy yo...
- ¿Qué te hiciste, m'hija? ¡Pareces otra persona!
- ¿Otra bien, u otra mal?
- ¡Muy bien, m'hija!
- Ya ves... Mi sobrina Lupita me llevó al salón de belleza.
- Ah, caray... Te pareces a la actriz esa que salió en "Camino al amor".
- ¿Cuál, la que extraviaba la hija, y ella se quería casar con su hermano?
- No, no... Esa fue "Amor en la sombra"...Yo digo otra... La mala de "Nunca, mi amor". La que le pegaba a la sobrinita discapacitada.
- Ahhhh... Me parece que la recuerdo... ¿Aquella que le habían quitado el hijo en el hospital y cuando se encuentran -muchos años despues- ella lo acosa en la empresa?
- Esa. Creo... No sé... Tenía una música tan bonita...
- Si.
- Como de violines ¿No?
- No... la música de violines era la entrada de "El amor vive en mi".
- ¿Tu dices ésa en que la protagonista es una meretriz que vende los hijos que le hacen los clientes?
- Ésa, mera. Una actriz muy guapa...
- Así te ves ahora, m'hija.
- Me haces sonrojar...
- No seas modesta... Ven, hice unos buñuelos de rodilla que están para chuparse los dedos.
- Gracias, pero ahora debo cuidar la figura... Ya me lo dijo Christian: "Nada de grasas, postres, carnes rojas o antojitos, ¿eh?". Pero te acepto un té de hierbabuena, ya ves que refresca el aliento.
- ¿Christian es tu médico?
- No, el peluquero.
- Ahhhh.
- Buenos días, Eubolia.
- ¿Me conoce?
- Soy yo, Pía. ¿A poco estoy tan cambiada?
- ...
- Sí, soy yo...
- ¿Qué te hiciste, m'hija? ¡Pareces otra persona!
- ¿Otra bien, u otra mal?
- ¡Muy bien, m'hija!
- Ya ves... Mi sobrina Lupita me llevó al salón de belleza.
- Ah, caray... Te pareces a la actriz esa que salió en "Camino al amor".
- ¿Cuál, la que extraviaba la hija, y ella se quería casar con su hermano?
- No, no... Esa fue "Amor en la sombra"...Yo digo otra... La mala de "Nunca, mi amor". La que le pegaba a la sobrinita discapacitada.
- Ahhhh... Me parece que la recuerdo... ¿Aquella que le habían quitado el hijo en el hospital y cuando se encuentran -muchos años despues- ella lo acosa en la empresa?
- Esa. Creo... No sé... Tenía una música tan bonita...
- Si.
- Como de violines ¿No?
- No... la música de violines era la entrada de "El amor vive en mi".
- ¿Tu dices ésa en que la protagonista es una meretriz que vende los hijos que le hacen los clientes?
- Ésa, mera. Una actriz muy guapa...
- Así te ves ahora, m'hija.
- Me haces sonrojar...
- No seas modesta... Ven, hice unos buñuelos de rodilla que están para chuparse los dedos.
- Gracias, pero ahora debo cuidar la figura... Ya me lo dijo Christian: "Nada de grasas, postres, carnes rojas o antojitos, ¿eh?". Pero te acepto un té de hierbabuena, ya ves que refresca el aliento.
- ¿Christian es tu médico?
- No, el peluquero.
- Ahhhh.
martes, 24 de mayo de 2011
(10) Pía en la estética
- ¡Cassandra, divinaaa!
- ¿Qué hubo, Christian? Mira, aquí te presento a mi tía. Le urge un fashion emergency. Trae un pinche look del nabo...
- Mucho gusto, ¿cómo te llamas?
- Pía, joven.
- Ay, qué chistoso... Tu tía Pía... jajaja.
- ¿Por dónde vas a empezar?
- Mira Cassandra... Esto se va a llevar algo de tiempo. Primero un corte modershno... Un défilé ¿Ves? Luego tinte, shampoo, tratamiento, y -al menos- una mascarilla para quitarle los puntos negros y darle luminosidad al rostro. Desde luego, depilación a la cera. Porque, así como está, va para Zapata que chuta... Jajajajaja. Ay, ¡perdón, mi amorsh! no quise ofenderte. ¿Es broma, eh? Después, maquillaje: base, corrector, rubor, delineador, labial, y todo lo demás. ¡Va a quedar di-vi-na!
- ¡Perfecto!
- Y no olvidemos: manicure, pedicure, y todos los cures que surjan... Jajajaja.
- Oiga Don Christian ¿Y quedaré bien?
- So-ña-da, chula. Verás que no podrás quitarte los hombres de encima...
- Cómo cree, no es mi intención (me conformo con el muchacho del agua purificada).
- (Christian al oído de Cassandra) Me encanta esto de ser el hada madrina de Cenicienta... Jajaja.
- Pinche jota, güey.
- ¡Manos a la obra! Pasa por aquí, mi amorsh. Siéntate.
- Bueno Christian, ahí te la encargo. Vuelvo en un par de horas.
- Sale. Ya verás qué transformación.
- Ojalá.
(Tiempo después)
- Hola... ¿Dónde anda mi tía?
- Ahí está.
- ¿Dónde? No la veo.
- Aquí, m'hijita.
- ¡Óraleeee! ¡No lo puedo creer! ¡Quedó genial, Christian!
- Ya ves, te lo dije. Mi lema es: "No hay mujer fea, sólo mal producida".
- Tienes razón, güey.
- Fíjate que tengo una... Bueno, un... amigo que, de hombre, es más feo que un culo (¡con perdón!), pero cuando se viste... Ay, tú... ¡Es una verdadera reina de la pasarela internacional! ¡Ru Paul se queda pendeja al lado de ella!
- Me imagino... Bueno, ya nos vamos. Todavía tengo que buscarle ropa, porque las garras que carga están de la patada.
- ¡Claro! Por cierto... ¿Irás a la fiesta de Charly? Dicen que se pondrá de poca mother.
- Ni idea... Igual ahí nos vemos. Bye.
- ¡Bye, chulas! ¡Cuídense!
- ¿Qué hubo, Christian? Mira, aquí te presento a mi tía. Le urge un fashion emergency. Trae un pinche look del nabo...
- Mucho gusto, ¿cómo te llamas?
- Pía, joven.
- Ay, qué chistoso... Tu tía Pía... jajaja.
- ¿Por dónde vas a empezar?
- Mira Cassandra... Esto se va a llevar algo de tiempo. Primero un corte modershno... Un défilé ¿Ves? Luego tinte, shampoo, tratamiento, y -al menos- una mascarilla para quitarle los puntos negros y darle luminosidad al rostro. Desde luego, depilación a la cera. Porque, así como está, va para Zapata que chuta... Jajajajaja. Ay, ¡perdón, mi amorsh! no quise ofenderte. ¿Es broma, eh? Después, maquillaje: base, corrector, rubor, delineador, labial, y todo lo demás. ¡Va a quedar di-vi-na!
- ¡Perfecto!
- Y no olvidemos: manicure, pedicure, y todos los cures que surjan... Jajajaja.
- Oiga Don Christian ¿Y quedaré bien?
- So-ña-da, chula. Verás que no podrás quitarte los hombres de encima...
- Cómo cree, no es mi intención (me conformo con el muchacho del agua purificada).
- (Christian al oído de Cassandra) Me encanta esto de ser el hada madrina de Cenicienta... Jajaja.
- Pinche jota, güey.
- ¡Manos a la obra! Pasa por aquí, mi amorsh. Siéntate.
- Bueno Christian, ahí te la encargo. Vuelvo en un par de horas.
- Sale. Ya verás qué transformación.
- Ojalá.
(Tiempo después)
- Hola... ¿Dónde anda mi tía?
- Ahí está.
- ¿Dónde? No la veo.
- Aquí, m'hijita.
- ¡Óraleeee! ¡No lo puedo creer! ¡Quedó genial, Christian!
- Ya ves, te lo dije. Mi lema es: "No hay mujer fea, sólo mal producida".
- Tienes razón, güey.
- Fíjate que tengo una... Bueno, un... amigo que, de hombre, es más feo que un culo (¡con perdón!), pero cuando se viste... Ay, tú... ¡Es una verdadera reina de la pasarela internacional! ¡Ru Paul se queda pendeja al lado de ella!
- Me imagino... Bueno, ya nos vamos. Todavía tengo que buscarle ropa, porque las garras que carga están de la patada.
- ¡Claro! Por cierto... ¿Irás a la fiesta de Charly? Dicen que se pondrá de poca mother.
- Ni idea... Igual ahí nos vemos. Bye.
- ¡Bye, chulas! ¡Cuídense!
lunes, 23 de mayo de 2011
(9) Pía se sincera con Cassandra
- ¡Tíaaaaaa!
- Ahí voy, m'hija... Deja que saque la tranca de la puerta que está bien pesada...
- ¡Por fin, tía!
- Pásale m'hija. Qué bueno que viniste, Lupita. Quería platicar contigo.
- Usted dirá, tía. Para qué soy buena.
- Te habrá sorprendido lo que te dije el otro día.
- Algo, tía. Siempre me anduvo criticando ¿no?
- P'os sí... Pero es que andaba ciega.
- ¿Cómo?
- Sí, m'hija. Ya ves que no salía de la parroquia... Las visitas a monseñor... Apoyar a las madres adoratrices.
- Sí, claro.
- ¡Pero me cansé!
- ¿Y eso?
- Tanto rezar y rezar, y nada...
- No, p'os si... ¿Y qué pedía, pues?
- Un novio.
- Whaaaat??? Ay, perdón, tía. ¿Un novio, dijo?
- Tengo derecho, ¿no?
- Seguro. ¿Y entonces?
- Me cambié de bando...
- ¿Cómo dice?
- Sí, Lupita. Me pasé al bando contrario.
- Tía... ¿Se volvió satánica?
- Sí, m'hija.
- Me deja helada.
- Pensé que te daría gusto. Como, tu... Bueno... Tu también, ¿no?
- Mire, tía. Yo soy dark. O sea, me gusta el lado oscuro de la vida... Me visto de negro... Mis amigos góticos se parecen a Drácula. Eso que ni qué. Pero de ahí a ser satánica... P'os no exactamente...
- ¡Pues yo, sí! Las cosas como son. Nada de medias tintas.
- Órale... (¡Híjole, la ruca está bien tocadiscos!)
- Por eso te mandé llamar. Por un lado quiero que veas mi altar nuevo, a ver si te parece bien.
- Ajá...
- Y por otro, quiero que me ayudes.
- ¿Para?
- Verme bonita...
- P'os... p'os... Ok... Déjeme que piense cómo...
- Ven a mi cuarto.
Frente a la custodia de plata que Pía sustrajo del blocao curial, reza quedamente las nuevas oraciones que inventó, inspiradas en el Malleus Maleficarum. Con la vista fija en el condón (que resultó del tipo "glow in the dark", con reverberaciones verde fosforescente) repite:
- Yo me arrepiento de haber creído ciegamente en el lixo. Besé el túdimo, le oré al yéscalo y di fe de la fogolia. Hoy no sé qué creer. Por el lixo, cometí los más horrorosos yírtulos. Abodé las vidas de mis semejantes. Espicré el más básico erpétulo. ¿De qué sirvió? ¡De nada! Ahora le figo al óxil. ¡El Óxil es mi tíbalo! Vendilatio Oxil.
Lupita Cassandra no sabe qué hacer. Por un lado le hace gracia y por otro le da miedo verse involucrada en algo que quién sabe cómo termine. Pero decide ayudarla en lo que puede.
- ¿Y, Lupita? ¿Qué te pareció?
- Chido... (P'a su madre...). Bueno, ya me voy, tía. Mañana por la mañana paso por Usted y la llevo al salón de belleza.
- 'Ta güeno m'hija. Ve con Di... digo... ¡Que te vaya bien!
- Ahí voy, m'hija... Deja que saque la tranca de la puerta que está bien pesada...
- ¡Por fin, tía!
- Pásale m'hija. Qué bueno que viniste, Lupita. Quería platicar contigo.
- Usted dirá, tía. Para qué soy buena.
- Te habrá sorprendido lo que te dije el otro día.
- Algo, tía. Siempre me anduvo criticando ¿no?
- P'os sí... Pero es que andaba ciega.
- ¿Cómo?
- Sí, m'hija. Ya ves que no salía de la parroquia... Las visitas a monseñor... Apoyar a las madres adoratrices.
- Sí, claro.
- ¡Pero me cansé!
- ¿Y eso?
- Tanto rezar y rezar, y nada...
- No, p'os si... ¿Y qué pedía, pues?
- Un novio.
- Whaaaat??? Ay, perdón, tía. ¿Un novio, dijo?
- Tengo derecho, ¿no?
- Seguro. ¿Y entonces?
- Me cambié de bando...
- ¿Cómo dice?
- Sí, Lupita. Me pasé al bando contrario.
- Tía... ¿Se volvió satánica?
- Sí, m'hija.
- Me deja helada.
- Pensé que te daría gusto. Como, tu... Bueno... Tu también, ¿no?
- Mire, tía. Yo soy dark. O sea, me gusta el lado oscuro de la vida... Me visto de negro... Mis amigos góticos se parecen a Drácula. Eso que ni qué. Pero de ahí a ser satánica... P'os no exactamente...
- ¡Pues yo, sí! Las cosas como son. Nada de medias tintas.
- Órale... (¡Híjole, la ruca está bien tocadiscos!)
- Por eso te mandé llamar. Por un lado quiero que veas mi altar nuevo, a ver si te parece bien.
- Ajá...
- Y por otro, quiero que me ayudes.
- ¿Para?
- Verme bonita...
- P'os... p'os... Ok... Déjeme que piense cómo...
- Ven a mi cuarto.
Frente a la custodia de plata que Pía sustrajo del blocao curial, reza quedamente las nuevas oraciones que inventó, inspiradas en el Malleus Maleficarum. Con la vista fija en el condón (que resultó del tipo "glow in the dark", con reverberaciones verde fosforescente) repite:
- Yo me arrepiento de haber creído ciegamente en el lixo. Besé el túdimo, le oré al yéscalo y di fe de la fogolia. Hoy no sé qué creer. Por el lixo, cometí los más horrorosos yírtulos. Abodé las vidas de mis semejantes. Espicré el más básico erpétulo. ¿De qué sirvió? ¡De nada! Ahora le figo al óxil. ¡El Óxil es mi tíbalo! Vendilatio Oxil.
Lupita Cassandra no sabe qué hacer. Por un lado le hace gracia y por otro le da miedo verse involucrada en algo que quién sabe cómo termine. Pero decide ayudarla en lo que puede.
- ¿Y, Lupita? ¿Qué te pareció?
- Chido... (P'a su madre...). Bueno, ya me voy, tía. Mañana por la mañana paso por Usted y la llevo al salón de belleza.
- 'Ta güeno m'hija. Ve con Di... digo... ¡Que te vaya bien!
domingo, 22 de mayo de 2011
(8) Prueba de pureza
- Eubolia, te tengo que contar lo que me dijo mi sobrina Lupita Cassandra.
- Dime, pues. ¿A poco es el demonio?
- Nada que ver. Dizque la computadora también puede dormirse.
- ¿Quééé?
- Lo que oyes. Y que así como se duerme, se despierta si la tocan.
- ¿A poco?
- Sí, Eubolia.
- ¿Y las fotos?
- Dice Lupita que alguien las bajó. Que, como no apagaron la computadora del todo, apareció lo último que estuvieron viendo.
- ¡Jesús me ampare!
- Ya ves...
- No puede ser... ¡Ese hombre es un santo!
- ¿Y los seminaristas?
- Tampoco, Pía. Es imposible.
- ¿Seguro?
- Con decirte que el otro día, al levantarme de la siesta medio adormilada, entro a la recámara de monseñor sin golpear la puerta.
- Ajá.
- Oí unos ruidos raros que venían del baño.
- ¿Y?
- Voy de puntillas, para no molestar, claro. ¿Y qué crees?
- Me tienes en ascuas, Eubolia.
- Estaban los dos seminaristas sentados, con los pantalones arremangados y las piernas al aire.
- Ajá. ¿Y?
- Monseñor, humillado, de rodillas frente a ellos, les estaba lavando los pies y
besándoselos.
- ...
- ...
- ¿Como en semana santa?
- ¡Eso mero!
- Caray...
- Seguro estaban practicando...
- Ahhhhhhhh.
- Por eso te digo... Todos son unos benditos del Señor.
- ¿Sí, verdá?
- Dime, pues. ¿A poco es el demonio?
- Nada que ver. Dizque la computadora también puede dormirse.
- ¿Quééé?
- Lo que oyes. Y que así como se duerme, se despierta si la tocan.
- ¿A poco?
- Sí, Eubolia.
- ¿Y las fotos?
- Dice Lupita que alguien las bajó. Que, como no apagaron la computadora del todo, apareció lo último que estuvieron viendo.
- ¡Jesús me ampare!
- Ya ves...
- No puede ser... ¡Ese hombre es un santo!
- ¿Y los seminaristas?
- Tampoco, Pía. Es imposible.
- ¿Seguro?
- Con decirte que el otro día, al levantarme de la siesta medio adormilada, entro a la recámara de monseñor sin golpear la puerta.
- Ajá.
- Oí unos ruidos raros que venían del baño.
- ¿Y?
- Voy de puntillas, para no molestar, claro. ¿Y qué crees?
- Me tienes en ascuas, Eubolia.
- Estaban los dos seminaristas sentados, con los pantalones arremangados y las piernas al aire.
- Ajá. ¿Y?
- Monseñor, humillado, de rodillas frente a ellos, les estaba lavando los pies y
besándoselos.
- ...
- ...
- ¿Como en semana santa?
- ¡Eso mero!
- Caray...
- Seguro estaban practicando...
- Ahhhhhhhh.
- Por eso te digo... Todos son unos benditos del Señor.
- ¿Sí, verdá?
sábado, 21 de mayo de 2011
(7) Lupita Cassandra, consultora
- ¡Lupita Cassandra! ¡Ven a saludar a tu tía!
- ¡Vooooy!
- Oye güey, te dejo. Acaba de llegar la prima de mi jefe y me están llamando.
- ¡No mames güey! ¿Qué chingaos querrá la ruca?
- Sepa, güey... Pero ya ves que mi jefa también se pone nerviosa cuando viene. No para de hablar de la iglesia, de que no me controlan, que ando perdida y la chingada.
- ¿'Tons qué güey? ¿Nos vemos a la noche con la banda?
- ¡Claro güey! Esa tocada no me la pierdo por nada, güey.
- Oye Cassandra... ¿Tendrás unas sabanitas? Porque a mi se me acabaron y no encontré de las buenas. Traigo unas colitas de borrego de puta madre.
- Seguro, güey. Al rato te veo. ¡Cómo me caga esta pinche ruca!
- Tranquila, güey... Ahí nos vidrios.
- Bye.
- Lupita, m'hija... ¿Cómo has estado?
- Bien, tía. ¿Y Usted qué dice? Mucha iglesia, supongo.
- No, m'hija. Las cosas últimamente han cambiado.
- (¡...!)
- Pero ahora no quiero hablar de eso... Tengo una consulta que hacerte.
- ¡¿A mi?!
- Sí, m'hija. Fíjate que una amiga...
- La tal Eubolia, supongo.
- Ésa mera. Bueno... el otro día tocó la computadora de monseñor y que se encendió sola. ¿No será lo que dizque es "un virus"?
- Nooooo, tía. Seguro que estaba hibernando.
- ¿Como los osos?
- Jajaja. Algo así, tía. Es como si se quedara dormida...
- ¿A poco?
- Y al tocar el teclado, digamos que se despierta.
- Ahhhhhhh. ¿Y las fotos?
- ¿Qué fotos?
- Las que aparecieron, como obra del demonio, en una casa santa.
- ¡Uchaleeee! Ya me imagino qué tipo de fotos serían...
- P'os no puedo decirte, m'hija. Pero decentes no eran.
- Seguro ahí estaban desde antes, pues. Se olvidaron de apagar la computadora y cerrar todo... Alguien las estuvo bajando, tía. Igual fue el mismísimo obispo.
- ¡Cállate, Lupita! No ves que esto es muy delicado.
- ¿Y quién va a ser sinó?
- No sé... ¿'Tons no es un virus?
- Ni de chiste. Bueno tía, la dejo porque al rato salgo con unos amigos.
- Sí, m'hija. Por cierto, qué bien se te ven las uñas pintadas de negro y esos como... como... eso del pelo, pues.
- ¿Las rastas?
- Eso.
- ¿A poco le parece bien?
- Me gusta, claro.
- Si Usted siempre criticó mi look, tía.
- Las cosas no son como antes, m'hija.
- ¡Vooooy!
- Oye güey, te dejo. Acaba de llegar la prima de mi jefe y me están llamando.
- ¡No mames güey! ¿Qué chingaos querrá la ruca?
- Sepa, güey... Pero ya ves que mi jefa también se pone nerviosa cuando viene. No para de hablar de la iglesia, de que no me controlan, que ando perdida y la chingada.
- ¿'Tons qué güey? ¿Nos vemos a la noche con la banda?
- ¡Claro güey! Esa tocada no me la pierdo por nada, güey.
- Oye Cassandra... ¿Tendrás unas sabanitas? Porque a mi se me acabaron y no encontré de las buenas. Traigo unas colitas de borrego de puta madre.
- Seguro, güey. Al rato te veo. ¡Cómo me caga esta pinche ruca!
- Tranquila, güey... Ahí nos vidrios.
- Bye.
- Lupita, m'hija... ¿Cómo has estado?
- Bien, tía. ¿Y Usted qué dice? Mucha iglesia, supongo.
- No, m'hija. Las cosas últimamente han cambiado.
- (¡...!)
- Pero ahora no quiero hablar de eso... Tengo una consulta que hacerte.
- ¡¿A mi?!
- Sí, m'hija. Fíjate que una amiga...
- La tal Eubolia, supongo.
- Ésa mera. Bueno... el otro día tocó la computadora de monseñor y que se encendió sola. ¿No será lo que dizque es "un virus"?
- Nooooo, tía. Seguro que estaba hibernando.
- ¿Como los osos?
- Jajaja. Algo así, tía. Es como si se quedara dormida...
- ¿A poco?
- Y al tocar el teclado, digamos que se despierta.
- Ahhhhhhh. ¿Y las fotos?
- ¿Qué fotos?
- Las que aparecieron, como obra del demonio, en una casa santa.
- ¡Uchaleeee! Ya me imagino qué tipo de fotos serían...
- P'os no puedo decirte, m'hija. Pero decentes no eran.
- Seguro ahí estaban desde antes, pues. Se olvidaron de apagar la computadora y cerrar todo... Alguien las estuvo bajando, tía. Igual fue el mismísimo obispo.
- ¡Cállate, Lupita! No ves que esto es muy delicado.
- ¿Y quién va a ser sinó?
- No sé... ¿'Tons no es un virus?
- Ni de chiste. Bueno tía, la dejo porque al rato salgo con unos amigos.
- Sí, m'hija. Por cierto, qué bien se te ven las uñas pintadas de negro y esos como... como... eso del pelo, pues.
- ¿Las rastas?
- Eso.
- ¿A poco le parece bien?
- Me gusta, claro.
- Si Usted siempre criticó mi look, tía.
- Las cosas no son como antes, m'hija.
viernes, 20 de mayo de 2011
(6) Eubolia y la computadora
-¿Qué tal Eubolia?
-Bien Pía ¿Ora, qué te trae por aquí? Monseñor aún no llega.
-No vine por él... Pasé a saludarte.
-Entra, así platicamos un momento. Hice café de olla.
-¿Qué me cuentas? Tenía días de no verte.
-P'os aquí, ya sabes, mucho trabajo y poca paga... Jaja.
-Sí. Te noto como cansada.
-No dormí, m'hija.
-¿Y eso?
-Es que... No sé si contarte.
-¿Algo malo?
-No, pero...
-¿'Tonces?
-Resulta que antier, luego del desayuno, que me pongo a arreglar la recámara de monseñor.
-Ajá.
-Y que ordeno, tiendo la cama como le gusta, con las sábanas de lino bordadas por las madres adoratrices.
-Claro.
-Paso el trapeador... Lo de todos los día, pues.
-¿Y?
-¿Qué crees? Al pasar la franela por el teclado de la computadora ¡que se enciende sola!
-¡Ah, jijo!
-Yo pensé: "esto ha de ser obra del maligno".
-No me digas... (Si supiera que lo invoco a diario...).
-Pero eso no es todo... ¡Lo que había en la pantalla!
-¿Qué?
-No, no puedo decírtelo. Me da vergüenza, Pía.
-Cuenta... Cuenta...
-Te lo digo al oído. Aquí las paredes oyen.
-¿A ver?
-(...)
-¡Nooooooo! ¿De veras?
-Seguro, m'hija.
-Pero entonces él... (O sea, es de los míos. Mira por dónde...).
-No creo, Pía. Si es un santo... (Que lo compre el que se lo crea).
-Sí claro... Un hombre del Señor. (Del de abajo, como yo ahora).
-No sabía qué hacer. A ese aparato nunca lo toco, no se vaya a descomponer. Pero tampoco podía dejar esas fotos casi frente al retrato de Nuestra Madre Santísima...
-¡No por dios! ¿Qué hiciste, pues?
-Jalé el cable y se apagó.
-Bien hecho.
-Te digo que es cosa del maligno. Primero que se enciende sola, y luego que aparece eso.
-Ha de ser.
-Vieras que monseñor sólo dice: "Ya me llegó otro imel de Roma", "El imel de ayer todavía no lo respondo", "Tendré que mandar otro imel al párroco", y así...
-Ahhhh, mira. Yo no entiendo nada, pero mi sobrina Lupita Cassandra es bien abusada en estas cosas. Se la pasa todo el tiempo en la computadora o con el celular. Le voy a preguntar si qu'esque es “un virus”.
-¡Ándale! Me harás un gran favor, Pía. A ver si me quito esta preocupación de la cabeza.
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