Aunque no puedo ver, aunque no puedo oir,
sé que las velas y los rezos son para mi.
Este blog comenzó con ideas personales, microcuentos, e historias diversas. Al paso del tiempo, unos relatos empezaron a enlazarse con otros y los personajes cobraron vida propia; si bien, me cuesta transcribir su forma de hablar y elegir sus aventuras (tienen muchas más de las que escribo). Tal como va, se está configurando una “blogonovela” (versión electrónica de los populares folletines del siglo XIX). Si a alguien le divierte este blog que lo exprese, y -sinó- que calle para siempre...
jueves, 14 de abril de 2011
miércoles, 13 de abril de 2011
Si algo se puede prohibir... ¡Hay que hacerlo!
Prohibido fumar
Prohibido comer comida no nutritiva
Prohibido engordar
Prohibido ser anoréxico
Prohibido tener sexo sin condón
Prohibido usar el condón
Prohibido tatuarse
Prohibido beber alcohol
Prohibido usar minifalda
Prohibido migrar
Prohibido usar velo
Prohibido autorrecetarse
Prohibido no tener fe
Prohibido tener sexo sin casarse
Prohibido casarse con alguien del mismo sexo
Prohibido salir de noche
Prohibido enfermarse
Prohibido deprimirse
Prohibido comer carnes rojas
Prohibido comer huevos (mucho colesterol)
Prohibido no hacer ejercicio
Prohibido envejecer
Prohibido tener una fe diferente a la de tu entorno
Prohibido andar en cueros
Prohibido entrar con mascotas
Prohibido andar en bicicleta/patines
Prohibido tomar el sol
Prohibido usar drogas
Prohibido ser pobre
Prohibido no ser exitoso
Prohibido no tomar dos litros de agua al día
Prohibido no andar a la moda
Prohibido mentir
Prohibido decir lo que se piensa
Prohibido esto
Prohibido aquello
Prohibido lo de más allá
Prohibido comer comida no nutritiva
Prohibido engordar
Prohibido ser anoréxico
Prohibido tener sexo sin condón
Prohibido usar el condón
Prohibido tatuarse
Prohibido beber alcohol
Prohibido usar minifalda
Prohibido migrar
Prohibido usar velo
Prohibido autorrecetarse
Prohibido no tener fe
Prohibido tener sexo sin casarse
Prohibido casarse con alguien del mismo sexo
Prohibido salir de noche
Prohibido enfermarse
Prohibido deprimirse
Prohibido comer carnes rojas
Prohibido comer huevos (mucho colesterol)
Prohibido no hacer ejercicio
Prohibido envejecer
Prohibido tener una fe diferente a la de tu entorno
Prohibido andar en cueros
Prohibido entrar con mascotas
Prohibido andar en bicicleta/patines
Prohibido tomar el sol
Prohibido usar drogas
Prohibido ser pobre
Prohibido no ser exitoso
Prohibido no tomar dos litros de agua al día
Prohibido no andar a la moda
Prohibido mentir
Prohibido decir lo que se piensa
Prohibido esto
Prohibido aquello
Prohibido lo de más allá
lunes, 11 de abril de 2011
(1) El altar de Pía
Pía, a sus indefinibles cuarenta y tantos años, con la falda negra hasta media pantorrilla y las medias grises algo arrugadas, se ve aún mayor de lo que es. Luce un abriguito café, descosido de la manga derecha. Pero en la mano, envuelto en un paliacate descolorido, encierra -temblorosa- el hallazgo premonitorio que hizo al atravesar la plaza del pueblo. Espera con ansias, en la puerta lateral de la casona curial, a que Eubolia le abra la puerta para ver a Monseñor.
- ¡Otra vez tú, Pía! ¿No sabes que a Monseñor le molestan las visitas insperadas?
- Pero, si me anuncio no me recibe, Eubolia.- Pásale... Aunque tengo órdenes de no dejar entrar a naiden, le diré a Monseñor que te metiste a fuerza.
- Gracias Eubolia. ¡Que el Santísimo te bendiga!
Pía entra desconfiada, como si fuera la primera vez, en el amplio corredor adoquinado que conduce a las estancias privadas del obispo. Encogida, como tullida sin serlo, se dispone a esperar las horas que sean, con tal de poder besar el anillo de su eminencia.
Piensa que esta vez es diferente. Ya se ha cansado de esperar el milagro que tanto aguarda de San Antonio y de Todos los Santos. Requiere una explicación urgente. El muchacho de los ojos grandes y los brazos fuertes. El de la frente sudorosa que huele a limón y a canela en rama. El de los rizos negros y brillantes. En suma, el repartidor de los botellones de agua purificada ya no la mira como antes. Lejos de arrodillarse en la salita para pedirle gentilmente su mano, arroja displicentemente el producto, cobra y se va. ¿Y la invitación a salir a tomar un helado?¿Y el anillo? ¿Y la fecha de la boda? ¡Vamos! ¿Para cuándo?
De nada sirvió que le pusiera una doble dotación de velas a Santa Marta. Tampoco que volteara al San Antonio que tiene en el pequeño altar de su recámara. Ni el velo que le bordó con tanta dedicación a la Virgen Santísima, mientras le pedía que intercediera ante Nuestro Señor y que el muchacho la pidiera en matrimonio. ¿Entonces, qué? ¿De qué sirve creer? ¿Para qué tantos años de ir a misa y confesarse? ¿Qué espera Dios para hacerle justicia? Para darle lo que quiere. Más aún, lo que necesita...
Monseñor se hace esperar. Eubolia, impaciente, regresa a sus tareas domésticas. Aún debe planchar al vapor las casullas y los manteles bordados. Tiene que preparar el chocolate y las frituras dulces.
-¡Cuánto trabajo, Dios mío! (encima esta pesada de Pía que me quita el tiempo).
-Eubolia, no se preocupe por mí, paso un momento a la capilla a rezar en lo que llega Monseñor.
-Está bien, m'hija. Vete con Dios, pues.
Pía atraviesa con paso firme el patio y se desliza en la capilla privada que se halla en penumbras. De pronto, como iluminada por una nueva esperanza, le surge una idea descabellada. Toma una custodia vacía, de un altar lateral, y la esconde entre sus ropas. Hace como que reza y vuelve en busca de Eubolia.
-Ya me voy... T'oy cansada. Además Monseñor ya se retrasó demasiado.
-Sí m'hija. De seguro anda ocupado. Ya ves que llegaron dos nuevos seminaristas que lo traen bien distraído al pobre.
-T'a bien Eubolia. Nos vemos un día de estos.
No le alcanzan los pies para regresar a casa. Entra casi corriendo y se dirige a su recámara. Con mano presurosa, en un gesto violento, arroja al suelo todas las imágenes que tiene en el altar. Sonríe levemente. ¡Cuándo se hubiera atrevido a hacer eso! Pero ahora está decidida. Si Dios Nuestro Señor, el Verbo Encarnado y todos los Santos Celestiales le negaron el milagro, ésta será su venganza. Se pasará al bando contrario de la guerra universal.
Saca la custodia de su encierro. La abre con cuidado y despliega el contenido de su pañuelo. En el lugar de la Sagrada Forma, tras el vidrio, instala el condón que halló a media plaza. Pone la custodia en el altar y se arrodilla en adoración.
-¡Ahora verán, cabrones! ¡Ya sabrán quién es Pía! ¡De qué madera está hecha esta mujer, jijos de la chingada!
domingo, 10 de abril de 2011
Sobre lo simple y lo complejo
Este texto -casi- no dice nada. Es modesto y simple. No he deseado que fuera complejo. Quizá parezca trivial. La claridad no es una virtud de nuestra época. Tal parece que las ideas respetables sólo pudieran exponerse de un modo alambicado.
Mucho más éxito habría de hallar en los entresijos de la lengua, urdiendo verdades inefables que acaso intimidaran al osado hermeneuta. Con soberbia destreza velaría la genuina inanidad de lo vacuo. Basta arrebujar, en paños, los sordos pasos que me arrastran circularmente a las simas explanatorias, consumando el prestigioso viaje sin retorno de lo simple a lo complejo.
Mucho más éxito habría de hallar en los entresijos de la lengua, urdiendo verdades inefables que acaso intimidaran al osado hermeneuta. Con soberbia destreza velaría la genuina inanidad de lo vacuo. Basta arrebujar, en paños, los sordos pasos que me arrastran circularmente a las simas explanatorias, consumando el prestigioso viaje sin retorno de lo simple a lo complejo.
Microcuento
La despechada
Llegado el día de la boda, pasó frente a todos y se sentó en el primer banco; también vestida de novia.
sábado, 9 de abril de 2011
Contra mí mismo
Ego
Globo redondo
rotundo y gordo.
Bolsa tremenda,
tensa y tirante.
Saco de aire,
fina membrana,
llena de nada...
Globo redondo
rotundo y gordo.
Bolsa tremenda,
tensa y tirante.
Saco de aire,
fina membrana,
llena de nada...
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